SOBRE "OPERA CLUB"

ÓPERA CLUB es un emprendimiento que nace el 17 de noviembre de 1990 a partir de un programa emitido por Radio Cultura. Este programa tuvo características muy especiales que lo transformaron, casi de inmediato, en el de mayor audiencia en su género.

Por primera vez se trataba el tema operístico con un absoluto desapego a las formas tradicionales de acartonamiento y solemnidad. Quedó en claro desde un principio que se trataba de un programa de ópera y no de cantantes –de estos últimos se ocupaba la mayoría-. Procedimos a lo que nuestro locutor de entonces (Mario Keegan) dio en llamar “derribando mitos” -desmitificar leyendas, anécdotas o lisas y llanas mentiras que con los años se convirtieron en falsas verdades-. Seguimos muy de cerca toda la actividad musical de Buenos Aires y La Plata poniendo muy especial énfasis en la promoción de los intérpretes jóvenes que estaban haciendo sus primeras armas –en la mayoría de los casos a puro pulmón- aunque sin descuidar las grandes figuras nacionales e internacionales que nos visitaban. Por último, el formato horario de cuatro horas nos permitió tratar amplia y distendidamente diferentes temas en un sólo programa desarrollado a través una conversación sin planificación previa entre dos a cinco co-conductores.

Todo esto nos puso en el primer lugar durante poco más de diez años. Diversos problemas –fundamentalmente económicos y de necesidades de programación de la radio- nos fueron acortando la duración y concluímos transmitiendo una hora a la medianoche del sábado. De esta manera fuimos perdiendo, junto con audiencia, nuestras características distintivas.

A partir de septiembre de 2012 nos mudamos a Radio Amadeus Cultura Musical recuperando nuestro formato original e intentando, de a poco y con mucho esfuerzo de todo tipo, retomar nuestro puesto de liderazgo –tarea nada fácil, por otra parte-.

Comencé diciendo que ÓPERA CLUB es un emprendimiento que nace a partir de un programa de radio. Esto es porque no es sólo un programa de radio –o, mejor dicho, el programa es casi como un pretexto-, sino un modo de unir a los oyentes tras un objetivo superior en común. El verdadero protagonista del programa no son ni los cantantes ni la música, son los oyentes –sus destinatarios y razón de ser-. Es por eso que los llamados telefónicos o mails son fundamentales para la concreción de lo que sale al aire. La audición es una excusa para que nos comuniquemos, nos conozcamos y podamos realizar y armar el programa y las actividades en forma conjunta.

Siempre me ha preocupado la incomunicación y soledad que aquejan a nuestra sociedad de manera cada vez mayor desde la segunda postguerra. Esta idea de nuclearnos bajo un interés u objetivo común es, para mí, un medio para paliar este terrible mal. Para esto, además del programa –y en lo personal más importante- son las diversas actividades que hemos venido realizando –con menor o mayor frecuencia- durante los últimos veintitrés años: encuentros, charlas, recitales, conferencia-debates, intercambio de material y, fundamentalmente, exhibición de videos (hoy DVDs) de diversas funciones operísticas –recuerdo con especial cariño el ciclo multitudinario que realizamos en el Centro Cultural General San Martín colmando ampliamente la capacidad plena de la Sala AB-. También estas actividades se vieron notablemente disminuídas con la anteriormente citada decadencia del programa –al que están intrínsecamente unidas-.

En esta nueva etapa muchas son las esperanzas y muchos los proyectos. La idea de congregarnos bajo nuestro amor a la ópera es, vuelvo a repetirlo, sólo un pretexto para encontrarnos virtual o realmente, tanto en nuestra relación comunicador-oyente como en forma personal. Este sitio, el Facebook y, en un futuro muy próximo, el Twitter serán nuestras herramientas virtuales a utilizarse en forma dinámica. Queremos crear un foro de debate y discusión a través del que no sólo hablemos de lo que nos gusta sino que intercambiemos ideas sobre políticas culturales. Necesitamos ampliar horizontes y promover los valores estéticos y culturales en los que se basan las obras de arte. De esta manera, a través de estos valores y del intercambio de ideas, iremos creciendo como personas y ayudando a crecer a nuestro entorno. Recordemos que los grandes cambios se producen, en general, a partir de los pequeños cambios individuales.

En cuanto al programa en sí mismo, posee una dinámica que va haciéndose cada vez más participativa –ya hemos desarrollado algunos temas propuestos por ustedes y esperamos una participación cada vez mayor-, poseemos también una enorme discoteca –probablemente la más grande de nuestro medio- con una cantidad de grabaciones que está muy holgadamente en la cantidad de cinco cifras y que abarca desde los primeros cilindros hasta las últimas funciones efectuadas en el mundo –a veces el mismo día de la emisión-, presentamos a las grandes figuras que nos visitan y hacemos una fuerte promoción de lo que están preparando los distintos grupos que han aparecido fuera del marco de los teatros oficiales y que es en donde realmente se encuentra el futuro.

La ópera es el centro pero no nos cerramos en ella. Abarcamos también los demás géneros vocales (opereta, zarzuela, oratorio, canción de cámara, sinfónico-vocal) y estamos, aún tímidamente y en muy pequeñas dosis, abriéndonos a todo el espectro de la música clásica (o académica –término que no me gusta pero al que adhiere muchísima gente-) En cuanto al período de lo que difundimos, es amplísimo y sin reservas ya que vamos desde la música medieval hasta las últimas manifestaciones de vanguardia.

En síntesis, estamos buscando crecer a partir del debate y la interacción. Considero que la relación estática con un oyente pasivo ya no es aceptable y pertenece a un tiempo que ya fue –no estoy valorizando, sólo presentando un hecho-. El piso de este proyecto es el que estamos transitando. El techo quisiera creer que no tiene límites (una sede propia, una emisora....).

Entre todos podemos lograrlo. Esto intenta ser un verdadero Club y les pido que se unan. Les garantizo que el crecimiento y el gozo serán ampliamente satisfactorios.


Dr. Roberto Luis Blanco Villalba


UNA CREACION DE ROBERTO BLANCO VILLALBA

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martes, 18 de junio de 2013

Variaciones sobre un tema original para orquesta op. 36 (“Enigma”) de Edward Elgar

Por Martín Llade (en "Melómano digital"
Amante de los acertijos, el padre de la música británica moderna compondría una de sus obras maestras a partir de un ingenioso juego de identidades ocultas y guiños privados a sus amigos que, si bien en su momento dejarían tan intrigado como admirado al público, irían desvelándose con el tiempo. Sin embargo, a pesar de las claves que el propio autor iría proporcionando y los testimonios de algunos de los implicados en el juego, algunos secretos quedaron deliberadamente en el tintero, como si el viejo maestro inglés hubiera querido que su obra conservara para la eternidad cierta aureola de misterio.
En 1898, Elgar se encontraba en su casa improvisando al piano distraídamente, como absorto en sus pensamientos. De improviso, un tema llamó la atención de su esposa, a la que le gustó y le pidió que lo repitiera. Entonces, sin pensárselo, el músico comenzó a realizar variaciones sobre el mismo durante largo rato y, una vez hubo concluido, decidió que sería una buena idea aprovechar aquel material para realizar una serie de retratos musicales de sus amigos. Es así como nació una obra que en el momento del estreno provocaría sentimientos encontrados entre la crítica, fascinada por un lado por la elegante construcción de la partitura y su refinada orquestación pero, por otro, perpleja ante un contenido programático que encontraban poco serio.
El tema principal está compuesto por dos motivos. El primero de ellos es presentado por los primeros violines al comienzo, mientras que el segundo lo interpretan los instrumentos de viento madera. Nuevamente vuelve a escucharse el primer motivo, aunque con un acompañamiento ligeramente modificado. Pero estos dos motivos no son desarrollados aquí, sino que es algo que se irá produciendo en las sucesivas variaciones. El final del tema se enlaza directamente con la primera de ellas.

Variación I (L’istesso tempo) “C.A.E.”

El compositor no podía dedicar la primera de estas variaciones a otra persona que no fuese su esposa, Caroline Alice Elgar. Nacida en la provincia de Gujarat, en la India, pertenecía a una familia de la aristocracia y su padre era el general Sir Henry Gee Roberts. Escritora y poetisa, hablaba cinco idiomas y publicó su primera novela en 1882. En Inglaterra, se instaló junto a su madre viuda en Redmarley (Gloucestershire). Caroline decidió entonces tomar lecciones de violín y requirió los servicios de Elgar, que era ocho años más joven que ella. Ambos se enamoraron inmediatamente y decidieron casarse con la oposición de la familia Roberts, que consideraba al músico un pobretón que, para colmo, era católico.
A la boda de ambos sólo acudió de parte de la familia de Caroline Alice un primo suyo y su esposa. A falta de una dote económica, Elgar le hizo un regalo de boda maravilloso: la miniatura para violín y piano titulada Salut d’amour. Ella le correspondió igualmente, con el poema The Wind at Dawn, que él no tardaría en musicalizar. A lo largo de los años él adaptó otros poemas suyos, como Love alone will stay, reconvertida en In Haven de Sea pictures (Marinas).
La señora Elgar tenía una fe inquebrantable en su marido, al que consideraba un genio, y lo apoyó con todas sus fuerzas. En 1904, aquella a quien su familia había rechazado por desposar a un advenedizo se convertía en Lady Elgar, al recibir su marido el título de Sir. Con los años, la relación entre ambos se atemperó y resulta evidente que el músico se enamoró de otras mujeres, aunque no parece que llegase a mantener ninguna relación extramarital. Y, desde luego, el fallecimiento de Caroline Alice lo sumiría en una profunda depresión.
Siempre que llegaba a casa, Elgar silbaba un pequeño motivo de cuatro notas inventado por él para hacer saber a su mujer que había llegado y es también introducido aquí. Según relató en In ‘My Friends Pictured Within’, esta variación era una prolongación del tema principal de la obra, romántica y delicadamente aderezado. “Aquellos que conozcan a C.A.E.-matizaba el compositor- entenderán el porqué de esta referencia”.

Variación II (Allegro) “H.D.S.-P.”

Elgar escribió en My Friends Pictured Within’: “Hew David Steuart-Powell era un pianista amateur bien conocido y también un gran intérprete de música camerística. Durante muchos años tocó con B.N.G. -Basil G. Nevinson, Variación XII- (violonchelo) y el compositor –el propio Elgar-. Su característico recorrido diatónico por el teclado antes de empezar a tocar es aquí parodiado en los pasajes con semicorcheas”. Elgar añade la indicación de que los pasajes deben sugerir una tocata pero cromática, más allá del gusto de H.D.S.-P.

Variación III (Allegretto) “R.B.T.”

El histrionismo de esta variación se refiere al de Richard Baxter Townshend, un personaje de lo más original, que había emigrado a Estados Unidos durante su juventud. En el Nuevo Mundo fue tratante de caballos, ranchero, aventurero y buscador de oro. En sus correrías se encontró en Colorado con el mismísimo Billy el Niño, al cual logró persuadir para que no le robase los caballos que transportaba. Townshend regresó a Gran Bretaña en 1879 y se convirtió en profesor, primero en el Bath College y luego en el Wadham College. Su ligera sordera (causada quizás debido a su pasión por las armas en Estados Unidos) le convirtió en un vecino pintoresco de Oxford, pues paseaba por la ciudad haciendo sonar constantemente la bocina de su triciclo. Townshend escribió tres libros que constituyeron la serie Tenderfoot, sobre sus experiencias en el Salvaje Oeste y las fotografías que tomó en él y los objetos adquiridos durante sus aventuras se convirtieron en un testimonio de gran valor. Su amistad con Elgar comenzó en 1889, pues éste era muy amigo de la hermana de su mujer.
Townshend le enseñó a jugar al golf y le relataba con pasión sus vivencias en América. Al parecer, también era actor amateur y representaba en algunos teatros modestos una pantomima en la que encarnaba a un viejo gruñón. La línea melódica ascendente y vertiginosa de su variación representaría su parloteo en estas funciones, y el fagot representaría su voz extraordinariamente resonante y grave, con algún desliz al falsete.

Variación IV (Allegro di molto) “W.M.B.”

William Meath Baker era cuñado de Townshend e hidalgo de Hasfield (Gloucestershire). Constructor de profesión, no parece que su relación con Elgar haya sido demasiado estrecha. Pero a éste le llamaba sobremanera la costumbre, un tanto contundente, que Baker tenía de cerrar todas las puertas tras de sí de un portazo, sin importarle las maneras. Y es eso precisamente lo que reproduce la que es la más corta y anecdótica de las Variaciones Engima.

Variación V (Moderato) “R.P.A.”

Richard Penrose Arnold era hijo del poeta Matthew Arnold y un entusiasta pianista amateur. A pesar de su formación autodidacta, “evaluaba”, apunta Elgar, “las dificultades y sugería el sentimiento auténtico de un modo un tanto misterioso”. Arnold y Elgar sostenían largas discusiones musicales en las que el primero comenzaba sus discursos de forma pragmática y muy seria, para interrumpirlos de repente con algún chascarrillo o alguna ocurrencia caprichosa y volver después al tono inicial. Eso es precisamente lo que reproduce esta variación, con un desarrollo aparentemente noble y hasta pomposo, por el que planea el tema original, y con traviesas y burlescas interrupciones en las que el oboe parece proferir una risita.

Variación VI (Andantino) “Ysobel”

Isabel Fitton, a la que Elgar llamaba afectuosamente “Ysobel”, fue compañera de estudios del músico. Aunque ella comenzó a tocar el violín, al igual que él, luego se cambió a la viola. Se cree que Elgar estaba prendado de ella y quizás hubo cierto afán de conquista en un ejercicio para cruzar las cuerdas de través en la viola que escribió para ella y que es reproducido en esta variación, aunque este instrumento se haga el interesante, haciéndose esperar. Después la viola desarrolla un breve solo que es, a la vez, melancólico y romántico, que es como el propio Elgar veía a Isabel.

Variación VII (Presto) “Troyte”

Arthur Troyte Griffiths era un joven arquitecto amigo del músico. Alto y espigado, le llamaban “Ninepin” (uno de los palos en el juego de los bolos) y estaba asociado con Edward Nevinson, hermano de Basil (Variación XII). Griffiths tenía, según cuentan, bastante carácter y se enfurecía si le llevaban la contraria. Puede que de ahí venga el carácter tormentoso de esta variación, que Elgar asocia a un día en que ambos iban paseando por el campo y estalló una tormenta que les obligó a buscar cobijo en la Casa Norbury, completamente empapados. Ciertamente, la fuerza con la que los timbales presentan esta variación, a los que se suman luego las trompas, mientras la cuerda dibuja la figura de los relámpagos, no puede ser más elocuente. Un golpe de platillos finaliza abruptamente la variación. Pero otra explicación, no menos interesante, es que aquí Elgar recrea a la vez que la tormenta, la desastrosa forma de tocar el piano de Griffiths quien, pese a ello, no cejaba en su empeño de aprender. Los ritmos cruzados equivaldrían a la pésima interpretación de Troyte y a los intentos del profesor (el propio Elgar) por poner orden en ese caos de notas. Según esta versión, el estruendo final equivaldría a un portazo (como en la variariación IV) de Troyte, marchándose hastiado de su lección.

Variación VIII (Allegretto) “W.N.”

 La fresca y simpática personalidad de Winifred Norbury empapa de principio esta idílica variación. Ella residía junto a su hermana Florence en la Casa Norbury, en la que el músico buscó refugio aquella tarde de tormenta junto a su amigo Griffiths. El compositor escribió sobre Winifred: “Estaba más conectada con la música que los otros miembros de la familia y sus iniciales encabezan este movimiento. Eso se justifica en la leve sugerencia de una risa característica que se produce en él”. También la atmósfera apacible de la variación parece recrear el sosiego que Elgar hallaba en la Casa Norbury. Una nota del violín al final del movimiento lo encadena con la más célebre de todas estas variaciones.
Variación IX (Adagio) “Nimrod”
He aquí la joya de la corona de las Variaciones, y una de las páginas más interpretadas de Elgar, independientemente incluso del resto del ciclo. Nimrod (más frecuentemente Nemrod, en nuestro idioma) fue, según la Biblia, el primer rey que hubo en la tierra tras el diluvio universal y descendía de Noé. A él se le atribuye, entre otras cosas, la construcción de la torre de Babel. Su nombre podría traducirse como “cazador poderoso a los ojos de Dios” y ésta es la asociación que realizó Elgar del monarca bíblico con su amigo Augustus J. Jäger, al que alude esta variación. Y es que Jäger quiere decir “cazador” en alemán.
Este amigo del músico había nacido en Düsseldorf, y al igual que Caroline Alice, tenía una fe enorme en él, pero a la vez era su más implacable crítico. Elgar estaba verdaderamente agradecido por esta sinceridad y le consultaba siempre su opinión cuando tenía dudas sobre una obra. Así, Jäger contribuyó notablemente con sus opiniones en la escritura de El sueño de Geroncio.
Ambos se habían conocido en la editorial Novello de Londres, en la que trabajaba Jäger. No hay en In ‘My Friends Pictured Within’ referencias a la génesis de esta variación, pero Dora Penny contó años después que Elgar le había confiado que en una ocasión, durante sus años difíciles antes de alcanzar el éxito, sufrió una profunda depresión. Jäger fue entonces a visitarle y, lejos de mostrar pena, le recriminó que se autocompadeciera. Le puso entonces el ejemplo de Beethoven, quien había escrito música muy hermosa incluso cuando pasaba por sus peores momentos. Eso era lo que él debía hacer, aseveró, y concluyó su sermón canturreando el adagio cantabile de la Sonata para piano Nº 8 Op. 13 “Patética”. Al homenajear a su amigo en las Variaciones, Elgar había querido inmortalizar aquel instante de sus vidas y es por ello que esta variación comienza citando los primeros compases de ese adagio cantabile beethoveniano. Luego, la pieza toma sus propios derroteros adquiriendo la hondura y la nobleza de un himno. Su aire solemne impresionó fuertemente al público y desde su estreno fue utilizado en multitud de ceremonias, incluyendo funerales de estado y otros actos oficiales.

Variación X (Intermezzo: Allegretto) “Dorabella”

 Ya hemos citado a Dora Penny en la anterior variación. Es un personaje misteriosamente ligado al universo elgariano. Dora era hija del reverendo Penny de Wolverhampton y al morir su esposa, éste se casó con la hermana de William Meath Baker (Variación IV), que era muy amiga de Caroline Alice Elgar. La muchacha se convertiría también en cuñada de Richard Baxter Townsed (Variación III). El compositor conoció a Dora en julio de 1897, cuando él y su esposa fueron invitados a pasar unos días en casa de los Penny. Ella tenía veinte años y él pasaba de los cuarenta y nació una gran amistad entre ambos, que duraría toda la vida. Después de estas pequeñas vacaciones, Caroline Alice envió una carta de agradecimiento a los Penny fechada el 14 de julio de 1897. Elgar introdujo entonces una nota dentro del sobre, dirigida a Dora, y escrita en un código cifrado de su invención. La joven nunca fue capaz de descifrar el contenido de la nota y, a día de hoy, sigue siendo un misterio. Conocida como el “Código Dorabella” ha sido analizada por numerosos expertos, con objeto de averiguar su contenido. En 1970 el musicólogo Eric Sams afirmó haber desencriptado el mensaje aplicando a cada símbolo una equivalencia musical y el resultado era un mensaje de amor, en el que Elgar mostraba su aflicción cuando Dora se encontraba lejos. Sin embargo, ningún otro experto logró entender los razonamientos aplicados por Sams y no se le dio crédito. En 2007, con motivo del 150 aniversario del nacimiento del compositor, se convocó un concurso a tal efecto con 1.500 libras de premio para quien arrojase luz sobre el enigma, aunque de momento no hay resultados concluyentes.
La cariñosa denominación de “Dorabella” a Dora Penny es una referencia a uno de los personajes protagonistas de Così fan tutte de Mozart. Al parecer, Miss Penny (posteriormente esposa de Richard Powell) padecía cierto tartamudeo que, lejos de menoscabar su encanto, le procuraba cierta ternura. Elgar quiso reproducirlo en el retrato musical de su amiga y ese es el efecto entrecortado que puede escucharse en los instrumentos de viento-madera en esta variación.

Variación XI (Allegro di molto) “G.R.S.”

Las iniciales corresponden a George Robertson Sinclair, organista en la Catedral de Hereford. Anteriormente, había ocupado este puesto en las catedrales de Gloucester (de 1879 a 1880) y de Truro (de 1880 a 1887). En Hereford permanecería hasta su muerte, y también sería director del coro. Sinclair ha sido descrito como un organista imponente, cuya forma de tocar causaba honda impresión entre los asistentes al culto. Sin embargo, no es esto lo que Elgar quiere describir en esta variación, sino un simpático episodio que le aconteció cuando él y Sinclair paseaban a la orilla del río Wye, por la parte de Hereford. Sinclair poseía un bulldog llamado Dan que, de improviso, cayó al río, nadó contra corriente y volvió finalmente a la orilla, expresando su alegría con un ladrido. Elgar y Sinclair rieron con el episodio y éste último le dijo “Ponle música a esto”, cosa que el compositor llevó a cabo escribiendo un tema titulado Dan triunfante. Posteriormente lo empleó en In the South, por lo que volvió a recrear la aventura del bulldog en esta undécima variación de las Enigma.

Variación XII (Andante) “B.G.N.”

Aunque se ha dicho en alguna ocasión que Basil G. Nevinson era un extraordinario violonchelista, lo cierto es que tocaba este instrumento de forma amateur y en absoluto daba conciertos. También se ha afirmado que Nevinson inspiró a Elgar su Concierto para violonchelo op. 85, que sería estrenado por el solista Felix Salmond en 1919. Otra historia, quizás también apócrifa, contradice esta versión: en 1918 el compositor fue sometido a una delicada operación y tras despertar de la anestesia, pidió un lápiz y un pedazo de papel en el que anotó el elegíaco tema con el que comienza el concierto.
Lo que sabemos a ciencia cierta que es que Nevinson y Elgar tuvieron trato durante muchos años y que éste lo describe como “un devoto y fiel amigo”. Dada su predilección por el violonchelo no es de extrañar que esta variación incluya una melodía cantada por este instrumento.

Variación XIII (Romanza: Moderato) “* * *”

Aquí nos encontramos con otro enigma a los que tan aficionado era Elgar. Dado que guardó silencio absoluto sobre la persona aquí retratada, habrá que fiarse de Dora Powell, que la identifica como Lady Mary Lygon, hermana de Lord Beauchamp. Lady Lygon provenía de Madresfield Court, cerca de Malvern, y era una gran amante de la música, llegando a apoyar económicamente una serie de festivales musicales celebrados anualmente en Madresfield. Lady Lygon mantuvo una gran amistad con los Elgar y en el momento en que las Variaciones Enigma estaban siendo acabadas, se embarcó junto a su hermano, recién nombrado vicegobernador de Australia. Según ‘Dorabella’, el músico le envió una carta pidiéndole permiso para utilizar sus iniciales en la obra, pero ésta no tuvo ocasión de mandarle respuesta, al estar ya navegando, y Elgar escribió discretamente tres asteriscos en el lugar destinado a “L.M.L”.
Éste viaje sería el motivo por el que Elgar le habría mandado sus mejores deseos, introduciendo aquí una cita de la obertura Mar en calma y próspero viaje de Mendelssohn, que interpreta el clarinete. A su vez, la maquinaria del barco sería reproducida por el traqueteo de la percusión. El timbalero tocó los timbales con monedas durante los ensayos en lugar de con los palillos y Elgar, a quien le gustó el efecto resultante, lo conservó en la partitura.
Algunos estudiosos tienden a pensar que hubo algo entre Lady Lygon y el músico o que estuvo a punto de haberlo. Quizás por ese motivo, nunca se revelaron sus iniciales, y una vez se hubo casado la dama en 1905 con el Teniente Coronel Lord Henry Hepburn-Stuart-Forbes-Trefusis, la discreción se hizo todavía más necesaria en torno a esta variación.
De todos modos, hay quien piensa que Elgar no confió tales revelaciones a Dora Powell y que, en realidad, la variación se refería a un amor de juventud, Helen Weaver, quien tuvo que romper su compromiso con él en 1884, para emigrar junto a su familia a Nueva Zelanda.
Una última teoría, que cada vez goza de más partidarios, es la que afirma que la dedicataria es, en realidad, la americana Julia H. Worthington, fallecida en 1913 y esposa de Charles C. Worthington, presidente de la International Pump Company. La opinión general es que el músico la amó, aunque no parece que la cosa fuese más allá de los sentimientos. Elgar quiso dedicarle en 1910 su Concierto para violín pero la dedicatoria, escrita originalmente en español, rezaba así: “Aquí está encerrada el alma de…..”. Esto era una cita de la novela Gil Blas de Alain-René Lesage. El enigma de quien era la persona en la que pensaba Elgar se convirtió en otro enigma para la posteridad. Nuevamente tenemos que recurrir a Dora Powell, quien en su libro de recuerdos de Elgar afirma que guardó durante cuarenta años el secreto porque así se lo pidió Lady Elgar. Antes de que hiciera público que se trataba de Julia H. Worthington, también hubo quien apuntó a Helen Weaver.

Variación XIV (Finale: Allegro Presto) “E.D.U.”

Parece ser que en un principio el músico no iba a incluirse dentro de las Variaciones, pero lo hizo finalmente por pura superstición, al percatarse de que si no, la obra iba a contener trece, el número del mal agüero. Por tanto, “Edu” no es sino el propio Edward Elgar, al que su esposa llamaba así cariñosamente. Dado que tanto Caroline Alice como Augustus Jäger fueron dos de las personas que más influyeron en su vida, el músico elabora su propia variación a partir de los temas de C.A.E. (en el viento-madera) y Nimrod, que confiere una conclusión heroica a toda la obra.
Después del estreno, el 19 de junio de 1899, Jäger sugirió a Elgar que incidiera aún más en el carácter apoteósico del final, introduciendo una parte para órgano. Elgar, que siempre hacía caso de sus consejos, añadió cien compases más para este nuevo pasaje. Y en esta nueva versión, que es la que actualmente se interpreta, vieron la luz nuevamente las Variaciones Enigma, el 13 de septiembre de 1899 en el Worcester Three Choirs Festival.

Discografía recomendada:

-Philharmonia Orchestra. Director: Sir John Barbirolli. EMI CLASSICS.
-Orquesta Sinfónica de Londres. Director: Sir Adrian Boult. EMI CLASSICS.
-Orquesta Filarmónica de los Ángeles. Director: Zubin Mehta. DECCA.
-Orquesta Filarmónica de Londres. Director: Bryden Thomson. CHANDOS.
-Orquesta Hallé. Director: Mark Elder (incluye el final original de la Variación XIV). HALLÉ.
-Orquesta del Royal Albert Hall. Director: Edward Elgar (Grabación histórica de 1926). EMI CLASSICS.


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