SOBRE "OPERA CLUB"

ÓPERA CLUB es un emprendimiento que nace el 17 de noviembre de 1990 a partir de un programa emitido por Radio Cultura. Este programa tuvo características muy especiales que lo transformaron, casi de inmediato, en el de mayor audiencia en su género.

Por primera vez se trataba el tema operístico con un absoluto desapego a las formas tradicionales de acartonamiento y solemnidad. Quedó en claro desde un principio que se trataba de un programa de ópera y no de cantantes –de estos últimos se ocupaba la mayoría-. Procedimos a lo que nuestro locutor de entonces (Mario Keegan) dio en llamar “derribando mitos” -desmitificar leyendas, anécdotas o lisas y llanas mentiras que con los años se convirtieron en falsas verdades-. Seguimos muy de cerca toda la actividad musical de Buenos Aires y La Plata poniendo muy especial énfasis en la promoción de los intérpretes jóvenes que estaban haciendo sus primeras armas –en la mayoría de los casos a puro pulmón- aunque sin descuidar las grandes figuras nacionales e internacionales que nos visitaban. Por último, el formato horario de cuatro horas nos permitió tratar amplia y distendidamente diferentes temas en un sólo programa desarrollado a través una conversación sin planificación previa entre dos a cinco co-conductores.

Todo esto nos puso en el primer lugar durante poco más de diez años. Diversos problemas –fundamentalmente económicos y de necesidades de programación de la radio- nos fueron acortando la duración y concluímos transmitiendo una hora a la medianoche del sábado. De esta manera fuimos perdiendo, junto con audiencia, nuestras características distintivas.

A partir de septiembre de 2012 nos mudamos a Radio Amadeus Cultura Musical recuperando nuestro formato original e intentando, de a poco y con mucho esfuerzo de todo tipo, retomar nuestro puesto de liderazgo –tarea nada fácil, por otra parte-.

Comencé diciendo que ÓPERA CLUB es un emprendimiento que nace a partir de un programa de radio. Esto es porque no es sólo un programa de radio –o, mejor dicho, el programa es casi como un pretexto-, sino un modo de unir a los oyentes tras un objetivo superior en común. El verdadero protagonista del programa no son ni los cantantes ni la música, son los oyentes –sus destinatarios y razón de ser-. Es por eso que los llamados telefónicos o mails son fundamentales para la concreción de lo que sale al aire. La audición es una excusa para que nos comuniquemos, nos conozcamos y podamos realizar y armar el programa y las actividades en forma conjunta.

Siempre me ha preocupado la incomunicación y soledad que aquejan a nuestra sociedad de manera cada vez mayor desde la segunda postguerra. Esta idea de nuclearnos bajo un interés u objetivo común es, para mí, un medio para paliar este terrible mal. Para esto, además del programa –y en lo personal más importante- son las diversas actividades que hemos venido realizando –con menor o mayor frecuencia- durante los últimos veintitrés años: encuentros, charlas, recitales, conferencia-debates, intercambio de material y, fundamentalmente, exhibición de videos (hoy DVDs) de diversas funciones operísticas –recuerdo con especial cariño el ciclo multitudinario que realizamos en el Centro Cultural General San Martín colmando ampliamente la capacidad plena de la Sala AB-. También estas actividades se vieron notablemente disminuídas con la anteriormente citada decadencia del programa –al que están intrínsecamente unidas-.

En esta nueva etapa muchas son las esperanzas y muchos los proyectos. La idea de congregarnos bajo nuestro amor a la ópera es, vuelvo a repetirlo, sólo un pretexto para encontrarnos virtual o realmente, tanto en nuestra relación comunicador-oyente como en forma personal. Este sitio, el Facebook y, en un futuro muy próximo, el Twitter serán nuestras herramientas virtuales a utilizarse en forma dinámica. Queremos crear un foro de debate y discusión a través del que no sólo hablemos de lo que nos gusta sino que intercambiemos ideas sobre políticas culturales. Necesitamos ampliar horizontes y promover los valores estéticos y culturales en los que se basan las obras de arte. De esta manera, a través de estos valores y del intercambio de ideas, iremos creciendo como personas y ayudando a crecer a nuestro entorno. Recordemos que los grandes cambios se producen, en general, a partir de los pequeños cambios individuales.

En cuanto al programa en sí mismo, posee una dinámica que va haciéndose cada vez más participativa –ya hemos desarrollado algunos temas propuestos por ustedes y esperamos una participación cada vez mayor-, poseemos también una enorme discoteca –probablemente la más grande de nuestro medio- con una cantidad de grabaciones que está muy holgadamente en la cantidad de cinco cifras y que abarca desde los primeros cilindros hasta las últimas funciones efectuadas en el mundo –a veces el mismo día de la emisión-, presentamos a las grandes figuras que nos visitan y hacemos una fuerte promoción de lo que están preparando los distintos grupos que han aparecido fuera del marco de los teatros oficiales y que es en donde realmente se encuentra el futuro.

La ópera es el centro pero no nos cerramos en ella. Abarcamos también los demás géneros vocales (opereta, zarzuela, oratorio, canción de cámara, sinfónico-vocal) y estamos, aún tímidamente y en muy pequeñas dosis, abriéndonos a todo el espectro de la música clásica (o académica –término que no me gusta pero al que adhiere muchísima gente-) En cuanto al período de lo que difundimos, es amplísimo y sin reservas ya que vamos desde la música medieval hasta las últimas manifestaciones de vanguardia.

En síntesis, estamos buscando crecer a partir del debate y la interacción. Considero que la relación estática con un oyente pasivo ya no es aceptable y pertenece a un tiempo que ya fue –no estoy valorizando, sólo presentando un hecho-. El piso de este proyecto es el que estamos transitando. El techo quisiera creer que no tiene límites (una sede propia, una emisora....).

Entre todos podemos lograrlo. Esto intenta ser un verdadero Club y les pido que se unan. Les garantizo que el crecimiento y el gozo serán ampliamente satisfactorios.


Dr. Roberto Luis Blanco Villalba


UNA CREACION DE ROBERTO BLANCO VILLALBA

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miércoles, 23 de septiembre de 2015

SEMEJANTE MARCO VISUAL MERECIA UNA MEJOR RESPUESTA CANORA

Teatro Colón (Temporada 2015): “Don Carlo”, Opera en cuatro actos (versión definitiva en Italiano de 1884).Música de Giuseppe Verdi, Libreto Original en  Francés de Joseph Mery y Camille du Locle. Traducción y Adaptación Final en Italiano de Achille de Lauziere y Angelo Zanardini. Interpretes: José Bros (Don Carlo), Tamar Iveri (Elisabetta di Valois), Alexander Vinogradov (Filippo II), Fabián Veloz (Roderigo, Marchese di Posa), Béatrice Uria Monzón (Principessa di Eboli),  Alexei Tanovitski (Il Grande Inquisidor), Lucas Debevec Mayer (Un Frate), Rocío Giordano (Tebaldo), Iván Maier (Il Conte di Lerma), Darío Leoncini (Heraldo), Marisú Pavón (Voce dell Ciel). Escenógrafo y Vestuarista Asociado: Sebastián Sabas, Iluminación: Eri Sirlin. Diseño de Proyecciones: Abelardo Zanetti. Coro Estable del Teatro Colón, Dirección: Miguel Martínez. Orquesta Estable del Teatro Colón, Dirección Musical: Ira Levin. Dirección Escénica, Diseño de Escenografía y Vestuario: Eugenio Zanetti. Teatro Colón: 20 de Setiembre de 2015. Abono Vespertino, función de estreno.

  Cuándo hagamos un ejercicio de memoria para el recuerdo de esta presentación del “Don Carlo” verdiano, diremos que la previa fue (Gauchescamente hablando) “mas conversada que partido de truco”. Tantas especulaciones en que Ramón Vargas sí, Ramón Vargas no. Que Violeta Urmana viene, que Violeta Urmana no viene. ¿Y ahora que pasará?. Y al conocerse la concreción de la convocatoria a José Bros y a Béatrice Uria Monzón como reemplazantes el ¿estarán bien?, ¿son las voces adecuadas?. ¿Y quien es Tamar Iveri?. De todos los protagonistas del primer elenco, las únicas referencias concretas para semejante título eran, Alexander Vinogradov y nuestro Fabián Veloz, siendo este último de todos el que mas franco crecimiento positivo y mayor proyección futura tiene. Y las otras polémicas: Con todo lo que pagamos el abono, ¿valdrá este espectáculo con los reemplazantes de los protagonistas que cancelaron?. Sín entrar en polémicas mas pesadas, en las que para muchos la palabra “defraudación” sonó permanentemente, por no ser mas duros y emplear el otro vocablo que acompaña al primero para nombrar a la división que tanto la Policía Federal como las de los Estados Autónomo y Provinciales  poseen para investigar este tipo de hechos y, que también sonó en demasía. Pues bien, la fecha llegó y con lógica ansiedad por despejar todos estos interrogantes, mas el hecho que por producirse el estreno un Domingo por la tarde (cosa que en lo personal me favoreció y mucho,  dado el cúmulo de obligaciones que sumo durante los días hábiles), me alentó aun mas a concurrir a Libertad 621.
  Otro punto en el que aquí si debo públicamente reclamar al Teatro es el de la Ubicación que se me otorgó. De no ser que pude finalmente sentarme por las mías en Platea, Esta crónica no estaría tan pronto a la vista de Uds. En el Palco Bajo 30 que se me otorgó, era imposible visualizar desde el centro hacia la parte derecha del escenario. No solo vamos a juzgar el desempeño de  voces, coro y orquesta. Lo visual también forma parte de Este glorioso género que se llama Opera, por lo que invito a la apreciada gente de prensa a recapacitar en el tema y  subsanar de algún modo el asunto, de cara a lo que vendrá.
  Pasemos de lleno al espectáculo, y hablar de lo que tanto Uds. esperan, las voces. José Bros, salvó la función. Dudo que para un primer elenco de un “Don Carlo” se cuente en Ntro. Medio con un elemento de valía. Cuando digo la expresión “salvo”, me refiero a que cumplió y el espectáculo no cayó en una medianía que lo habría hecho insalvable. Tiene bello timbre, buena línea de canto y fraseo. Actúa y expresa bien. Pero no deja de ser un lírico, por mas seguridad y arrojo que demuestre,  y ese plus que faltó en lo vocal se notó. Alexander Vinogradov es un correcto bajo. Su desempeño vocal no pasó de eso, dado que por momentos sus notas bajas suenan aun con timbre muy “blanco” y en pasajes como el aria principal, “Ella Giammai m’amó”,  se nota demasiado,  y uno queda con  las ganas de mucho mas. En cuanto a las voces femeninas, ambas mostraron alarmantes carencias durante toda la primera parte del espectáculo, que por ser la versión Italiana definitiva fue desde el cortejo en San Yuste,  hasta el “Auto de Fe” y la rebeldía de Carlo. Uria Monzon con una emisión absolutamente “engolada” y un alarmante “Vibrato”, el que por momentos resultó molesto, fundamentalmente en la “Canción del Velo” e Iveri con mucha inseguridad en los pasajes mas agudos del registro. Para la segunda parte ambas mejoraron sustancialmente, Iveri con mejor prestancia escénica y buena respuesta, tanto en la escena dramática con Filippo II  como en la parte final en “Tu che le Vanitá”, como en el dúo de despedida con el protagonista. Uria Monzón por su parte, exhibió fundamentalmente oficio y autoridad escénica, saliendo airosa en su “O don fatale”, que le valió una cálida respuesta del público, mas por trayectoria,  que el porque su desempeño en el rol haya resultado convincente. Decididamente pésima fue la actuación del Bajo Ruso Alexei Tanovitski como “El Gran Inquisidor”. Debió haber sido protestado de inmediato. Excesivo “vibrato”, dicción espantosa, emisión engolada. Se lo vio inclusive muy incómodo en escena. ¿Seguirá cantando en las tres funciones que restan del primer elenco?. Aún con todas las falencias señaladas, entiendo que no podemos armar íntegramente con elementos locales un “Don Carlo” a nivel del que se debe presentar en un abono del Colón,  y para el precio que se cobran sus localidades. Final para la parte vacía del vaso.
   Me reservé para el final, en lo que la parte vocal respecta,  al gran triunfador de la tarde,  y que fue Fabián Veloz como el “Marques de Posa”. Fue el único que exhibió línea verdiana genuina de canto. El haber trabajado con  muy buenos “puestístas”, le ha permitido ir ganando en soltura escénica y su voz se escucha perfectamente. Fue el único que en toda la tarde cantó Verdi. Y eso es alarmante. No por El. Sino por lo que se esperaba del resto.  El Coro, preparado por Miguel Martínez, presentó un muy sólido trabajo, de lo mejor que se le ha visto en esta etapa suya. Ira Levin ofreció nuevamente una muy buena lectura verdiana, tal como se le elogió en aquel polémico “Ballo” de “La Fura dels Baus”. Presentó a la Estable en un muy solido trabajo, ya desde el arranque mismo,  donde el solo inicial de los cornos impacta. Mantuvo el pulso, los “tempi” fueron aceptables, solo en breves momentos creyó conveniente “apianar” algunos pasajes, para no exigir a las voces en demasía.

  Y ahora la parte Visual. Eugenio Zanetti hace una magnífica presentación en la sala grande del colón con una puesta que honra a las mas grandes tradiciones de la misma . Columnas en el contorno. Plataformas dispuestas en el Centro. Una gigantesca reproducción de “El Jardín de las Delicias” como proyecciones del Monasterio, Una imponente mano que se eleva sobre el sepulcro de Carlos V, con un Corazón flameante sobre la muñeca y un gran Cristo en la escena del “Auto de Fe” (¿El de la Puesta Oswald del 2004?) como fondo en las respectivas escenas. Uso adecuado del disco giratorio de escenario, el que esta vez funcionó a pleno. Buena disposición de las masas- Buena marcación actoral y adecuada ubicación y desempeño de un buen número de figurantes. El protagonista es presentado mas como un joven heroico que no es correspondido en el amor,  que como un ser atribulado que no merece la  mayor atención, enfrentado con la figura fuerte de un padre despótico que no resigna  absolutamente ningún espacio de poder.  Completan el marco un magnífico vestuario de Epoca de propio diseño y una colosal iluminación de Eri Sirlin , justa en cada detalle para que nada quede librado al azar, como los propios perros “de Caza” que se exhiben en  Primer y Segundo acto, con un final en el que queda abierto el interrogante sobre la suerte corrida por el Infante. Bienvenido a la Opera y felicitaciones por continuar la Línea que De Ana Y Oswald trazaron en este título, haciendo honor al Colón.


Donato Decina

lunes, 14 de septiembre de 2015


TRES JOVENES BRILLANTES CON UN NOTABLE PROYECTO A FUTURO

Concierto Organizado por la Embajada de la República de Eslovenia en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco: Actuación del Trío “Rêverie” de Eslovenia (Tanja Cinc (Piano), Mojca Jerman (Violín) y Katarina Leskovar (Violoncello)). Programa: Serguei Rachmaninoff: Trío “Elegiaque” Nº1, Lucjan Marja Skerjanc: “Maestoso Lúgubre”, Anton Arensky: Trío Nº 1. 11 de Setiembre de 2015.

  Atendiendo a la invitación que me cursara la Sra. Petra Kezman, Encargada de Negocios de la Embajada de la República de Eslovenia en la Argentina, concurrí al Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco,  en donde se presentó, en el marco del ciclo “Puentes Musicales” que dicha Embajada organiza, el Trío “Rêverie”, conformado por Tanja Cinc en Piano, Mojca Jerman en Violín y Katarina Leskovar en Violoncello. Tres jovencísimas intérpretes de 21 años la primera, 23 la segunda y 22 la tercera, quienes bajo la tutela de Tomaz Lorenz, instrumentista del Trío que llevaba su apellido por Nombre, el que se presentara en la sala de Ntro. Teatro Colón. La agrupación se formó en el año 2012, cuando las instrumentistas recién salían de la adolescencia. Al año ya ganaban el premio al mejor conjunto de cámara de la competición internacional “Tartini” de Piran,  y el año pasado comenzó un recorrido de presentaciones internacionales, el que este año continúa, y que las trae por estas latitudes con presentaciones en Montevideo (Uruguay) y Ntras. San Isidro, Villa la Angostura, San Carlos de Bariloche y, por supuesto, Esta en Buenos Aires, que cerró la Tournee. La impresión que Estas jóvenes me han dejado es inmejorable. Se dijo luego de la presentación que volverán a Ntro. País el año próximo, para lo cuál se estaría gestionando al menos el Salón Dorado del Colón como ámbito para dicha presentación. Lo merecen con creces. El programa abordado, abarcó tres obras del Post-Romanticismo de tres autores absolutamente consustanciados de ese período. Hablar de Rachmaninoff y Arensky remite inmediatamente a esa época. Pero también conocimos a Lucjan Marja Skerjanc (1900-1973), de cuyas obras poco y nada conocemos, y de quién se escuchó un interesante y sentido “Maestoso Lúgubre”, una obra que en su “tempi” mas bien “pesante” transmite una atmósfera “dolorosa”, perfectamente expresada  por el conjunto. Previamente se escuchó el trío “Elegiaque” de Rachmaninoff, en donde comencé a quedarme literalmente “boquiabierto”, tal la calidad del sonido que la agrupación emanaba. La versión fue muy transparente y se destacó muchísimo el “canto” del conjunto, una cualidad que para Estas obras presentadas destacamos siempre en Ntros. programas al aire con Roberto Blanco Villalba. Pero lo que de lejos arrasó y arrancó del público la ovación mas pronunciada, fue la interpretación del célebre Trio Nº 1 de Anton Arensky, una obra por la cuál, confieso, siento una particular predilección y que fue ofrecida brillantemente. El muy pulcro toque y la belleza de sonido de Tanja Cinc, de técnica formidable, la enjundia de Katarina Laskovar en el Violoncello, con acentuaciones magníficas en los pasajes de carga dramática, en donde el grado de emotividad logrado ha sido maravilloso y el violín de Mojca que termina erigiéndose en el balance o columna vertebral del conjunto durante la interpretación, con bellísimo sonido, magnífico caudal y técnica insuperable, hicieron que la versión sea homogénea, intensa y disfrutable del primer al último compás. El público presente quería bises. Lamentablemente por razones de tiempo, dado que a posteriori se preveía un concierto del Foro Argentino de Compositoras, se vio frustrado ese propósito, lo que hace que ahora esperemos con mas ganas una nueva visita y, por supuesto, mas de una presentación entre Ntros. Juventud con talento, ganas esfuerzo y disciplina. No hay otra fórmula posible.


Donato Decina

sábado, 12 de septiembre de 2015



UN MUSICO NOTABLE

“Nuova Harmonía”: Presentación de “I Solísiti Di Pavia”: Violoncello solista y Director: Enrico Dindo. Programa: Ottorino Respighi: Tercera Suite de “Antíguas Arias y Danzas”. Gioacchino Rossini: “Une Larme, Theme et Variations” en La menor (Arreglo de Eliodoro Sollima para Violoncello y Orquesta de Arcos). Carl Philipp Emanuel Bach: Concierto para Violoncello, Cuerdas y Clave en La mayor, Wq. 172. Astor Piazzolla: “Le Grand Tango” (Arreglo y Orquestación de Enrico Dindo). Teatro Coliseo, 10 de Setiembre de 2015.

  Esta nueva propuesta que “Nuova Harmonia” presentó en el Coliseo, me permitió conocer a un apasionado interprete que cree muy firmemente en lo suyo, que lo lleva a la práctica de la mejor manera,  y que sabe rodearse de excelentes y jóvenes instrumentistas, con los que conforma un conjunto sólido, que alcanza altos niveles de excelencia. Dindo ha sido Violoncello solista de la Orquesta del Teatro Alla Scala de Milán, en los años de oro de Riccardo Muti, quién le dio el espaldarazo definitivo al rango de primer atril. Desde el 2001, dejó su puesto para establecerse en Lugano (Suiza), en donde es profesor de la cátedra de su instrumento del “Conservatorio della Svizzera”, en la Academia de Cello de Pavia y en la Academia de Verano del Conservatorio Tibor Varga de Sión (Suiza) y crear a este grupo de Cámara. Un importante espaldarazo al proyecto de la agrupación le fue brindado por la fundación de la Banca del Monte de I Lombardía, la que aportó los fondos necesarios para el sostenimiento del mismo, lo que permitió proyección regional e internacional,  y es ahora como en asociación entre esa fundación y el grupo,  que en el 2011 se estableció una nueva fundación, la que lleva el nombre de la agrupación,  y en donde Dindo promueve la formación de nuevos Cellistas en la Academia de Pavia. El programa original que se anunciaba, en donde para la segunda parte se debía interpretar “Las Cuatro Estaciones Porteñas” de Piazzolla, fue reformulado , y salimos ganando,  ya que finalmente se ofreció el Concierto para Cello, Cuerdas y Clave (Aunque este último no fue empleado en esta ocasión y pueda, como es lógico,  motivar algún comentario adverso) de Carl P.E. Bach, dejando a Piazzolla solo para el final con una versión orquestada de “Le  Grand Tango”, que Dindo dedicara al gran Mtislav Rostropovich, quien “apadrinara” a la agrupación en sus comienzos, presentándose junto a ellos, el mismo año de su última actuación entre Ntros., dirigiendo “Lady Macbeth  de Mtensk” en el Colón.

  El Concierto comenzó con una interesante versión de la Tercera Suite de las Antiguas Danzas y Arias de Ottorino Respighi, en donde Dindo se reveló como un buen conductor, logrando buen empaste en el conjunto, el que tiene sonido corpóreo y homogéneo. Fue un buen “precalentamiento” que dio paso a la primera “exquisitez” de la noche que fue “Une Larme” de Rossini, pieza que fue considerada por el autor de “El Barbero de Sevilla” como obra de los “Pecados de Vejez” en su estancia parisina. Una interesante transcripción de Eliodoro  Sollima,  da el pie a Dindo para lucirse en una sentida interpretación,  en la que dejó fluir sus sentimientos,  mostrándonos todos los estados de ánimo que Rossini deja traslucir en su partitura.  El grupo volvió a  mostrar homogénea sonoridad y plena integración con el Conductor y cellísta, quién desde su taburete solista marcaba con movimientos de su arco en  todos los momentos en los que  no tenía participación. Una versión muy impactante de “Crisantemi” de Puccini, cerró la primera parte, en donde la sombría parte final de la obra fue expuesta de manera conmovedora.

 Ya en la segunda parte, escuchamos al mejor Dindo en el referido concierto del mayor de los exponentes entre los descendientes del gran Johann Sebastian. Aquí se lo notó muy cómodo, enérgico, consustanciado en lo suyo, con muy buen sonido y un notable sentido de la musicalidad en el “Largo mesto” central, que arrancó la primera ovación fuerte de la noche. Quedará para la polémica si debió prescindirse así del Clave, que en estas obras es sostén fundamental. El cierre tuvo una excelente versión de “Le Grand Tango”, en la que Dindo fue mucho mas efectivo que el mismísimo Yo-Yo-Ma en su última visita al Colón con la misma obra. Mas allá del “ropaje” que le brinda la excelente orquestación que el mismo Cellista hizo de la partitura, una vez mas el apasionamiento y la garra que Dindo entrega en cada una de sus intervenciones fue fundamental para que todos disfrutaran de la obra.

  Los aplausos fueron retribuidos con una impactante versión del poco frecuentado “Ave María” de Piazzolla, que sorprendió a propios y extraños y una magnífica “Sarabanda” de Johann Sebastian Bach, como broche de Oro para una excepcional actuación.  


Donato Decina

jueves, 10 de septiembre de 2015

DE DONDE SALIERON Y A DONDE ARRIBAMOS
¡GLORIOSO!

Mozarteum Argentino: Actuación de “Hesperión XXI”, Dirección y Viola da Gamba: Jordi Savall. “Folías Antiguas y Criollas” (Del Antiguo al Nuevo Mundo). Programa: Obras  de Diego Ortiz, Gaspar Sanz, Pedro Guerrero, Antonio de Cabezón, Juan García de Zéspedes, Santiago de Murcia, Antonio Martín y Coll, Francisco Correa de Arauxo, Antonio Valente y Tradicionales Escoceses, Son y Tradicional de Tixtla y Anónimos e Improvisaciones. Teatro Colón, 07 de Setiembre de 2015.

  Así como cuando en 2008 nos deslumbraran en el Coliseo con el programa de música española de la era del descubrimiento de América hasta la expulsión de los Moros,  Jordi Savall y el Hesperión XXI, volvieron a marcar un hito en sus presentaciones. Esta Vez en el Colón y con un repertorio magníficamente elegido, que deparó muchísimas gratas sorpresas y en donde no hubo prácticamente bache alguno en toda la noche, por lo que los presentes gozamos, disfrutamos, aplaudimos y reverenciamos a este acérrimo difusor, rescatista y, si cabe la expresión,  ¿Por qué no?, preservador de las tradiciones que nos hizo comprender cual fue el origen y hacia donde llegó la música, sea Europea o Americana, Clásica o Popular, logrando un deleite permanente de todos quienes nos dimos cita en el Colón.  El intercalar obras de la España antigua con las americanas rescatadas desde la época de la conquista, como así también las tradicionales de la música celta escocesa, traídas a América por quienes poblaron las colonias del hoy Estados Unidos (Confieso que en ese punto recordé el final de “Un Ballo In Maschera”, en el solo de violín en la escena de la muerte de Riccardo, y esa danza era muy similar a las escocesas que Savall interpretó, aún cuándo la música de Verdi era en realidad para una ambientación en Suecia), por lo que lo escuchado se situó en un período de 200 años entre una y otra punta del programa. Descubrir que las Folías Antiguas o las “Jacaras”, pueden guardar perfecta relación con un Son tradicional de México como “La Petenera” de fecha aproximada del 1700, con una letra cantada admirablemente por tres músicos mexicanos incorporados por Savall para este repertorio que son: Ulises Martínez en Guitarra de Son, Violin y Voz; Enrique Barona en Huapanguera, Leona, Jarana Jarocha, Mosquito, Maracas, Pandero y Voz y, sobre todo, Leopoldo Novoa, en Marimbol, Guitarra de Son, Jarana Huasteca, Quijada de Caballo, Arpa Llanera, Voz y Danza, Capaz este último de deleitarnos con un zapateado que nos puso mas en claro cual fue el origen de Ntro. Malambo, como improvisar en el canto hasta darnos cuenta de donde surge Ntra. “Payada”, con tiempo hasta para mencionar a los que tosían en la sala “porque el invierno es muy duro”, provocando la carcajada de quienes queremos escuchar música y la consecuente ovación. Y  percibimos,  cuanto  le  deben ritmos populares como la guaracha, el son, el malambo, la zamba, la chacarera y hasta el tango, pasando por música indígena y de cada región de Ntro. Continente, a esas formas iniciales mantenidas por la tradición y los códices, esos prolijamente investigados y desgranados en el escenario con envidiable energía, contagiada esta a los demás músicos por Savall,  para que este, con extrema sabiduría,  nos demuestre que todo tiene un origen, un camino y un punto de llegada. Puedo extenderme a analizar obra por obra o ingresar en un fárrago de comparaciones hasta poder aburrirlos con mi relato. Prefiero decirles que si ven en Piscitelli o alguna otra casa especializada,  y les interesa, alguno de los trabajos discográficos de Este extraordinario interprete, no duden en zambullirse de lleno, porque lo disfrutarán a mas no poder. Ya no está Monserrat Figueras y esta vez su hijo no ha venido, pero siempre está redescubriéndose y enseñándonos caminos nuevos cada día. Los bises, acorde con lo extraordinario del programa. “La Iguana”, danza de Veracruz (México), atribuida a los esclavos negros y una “Cachúa” Peruana extraída de un Códice de Lima del 1700. Fiesta total.


Donato Decina

sábado, 5 de septiembre de 2015

  

ESTA VEZ SI

Ciclo Oficial de Conciertos de la Orquesta sinfónica Nacional, Director: Gabriel Chmura. Solista: Nelson Goerner (Piano). Programa. Serguei Rachmaninoff (Concierto para Piano y Orquesta Nº 2, en Do menor, Op. 18. Serguei Prokofieff: Sinfonía Nº 5  en Sí bemol mayor, Op. 100. Centro Cultural Kirchner, Sala “Ballena Azul”, 02/09/15.

 En un día en el que virtualmente se debió “deshojar la margarita”, teniendo en cuenta que “Nuova Harmonía” presentaba en el Colón a la Sinfónica de Shangai con Maxim Vengerov como solista, opté por concurrir a cubrir para Uds. este concierto dado que si bien, el programa del Colón ofrecía dos obras de repertorio clásico Chino, mas el “imán” Vengerov  y  la posibilidad de poder percibir una versión de agrupación asiática de la Quinta de Shostakovich, el programa de la Nacional fue tanto mas fuerte por la presencia de quien hoy por hoy es Ntro. Máximo pianista en el mundo (Argerich y Barenboim ya juegan para mí en otra dimensión interpretativa), ofreciendo una obra de muchísimo compromiso y otra quinta que no le va en saga a la anterior, tan memorable como aquella, la de Prokofieff, mas un conductor conocido por Ntros., el Polaco Gabriel Chmura,  nuevamente convocado,  que siempre tuvo sintonía con la Nacional cada vez que le tocó dirigirla. No hizo falta nada mas para decidirme a concurrir y creo que acerté en mi elección.

 El querido Nelson fue convocado por las autoridades al momento de concretar la compra de los nuevos pianos “Steinway” que hoy integran la dotación del Centro Cultural Kirchner. Al menos lo que se escuchó del elegido para esta ocasión fue muy bueno,  y el instrumento en sí tiene sonido excelente. Entrando ya en la versión en sí misma, tuvo intensidad, momentos de lirismo pleno y, sobre todo, canto de excelencia en el final del segundo y todo el tercero, con lo que la versión fue creciendo en voltaje mostrándonos a un Goerner mucho mas a tono con Rachmaninoff que en ocasión de la versión del Concierto Nº 3 junto a Diemecke en el Colón unos años atrás. Chmura, por su parte,  realizó un acompañamiento muy interesante, con pleno contacto con el solista y marcando todos los detalles. Pero la Nacional sigue aún en proceso de adaptación a su nueva sede y aún sigue ensayando gran parte de la semana en la impresentable sala del piso 11 de la Av. Córdoba, contigua al Teatro Nacional Cervantes, por lo que se hace ya impostergable la habilitación de las salas que a tal fin tiene el Kirchner para los ensayos , y nombrar cuanto antes a un titular que inicie un nuevo proceso con la Orquesta, tendiente a ajustarla en todos sus sectores y culminar la adaptación a la “Ballena” lo mas prestamente posible. Eso hace que por mas bienintencionadas que sean las marcaciones  de detalles e interpretación, siempre hay sectores que se desbordan y ello termina conspirando contra la versión en si misma. Para los entusiastas que aplaudieron de pie la faena del querido interprete Sampedrino, Este les retribuyó con creces con un poema de Scriabin y un Chopin que selló el romance con el público presente.

  La parte final, como quedó dicha al comienzo, estuvo compuesta por una vibrante Quinta de Prokofieff, donde un ya veterano Chmura tuvo sabio oficio para preparar una sólida versión, a “tempi” un poco mas lento de lo habitual pero muy efectivo, en el que se pudo percibir con absoluta nitidez a cada sector del conjunto. Si no se alcanzó un nivel mayor, creo que se debe mas a las necesidades a las que apunté en la parte anterior de esta crónica y no son achacables al Director invitado.



Donato Decina


OTRA NOCHE DECEPCIONANTE

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Vladimir Lande. Solista: Rustem Hayrudinov (piano). Programa: Giuseppe Verdi: Obertura de la Opera “Nabucco”. Piotr Illich Tchaickovsky: Fantasía de Concierto para Piano y Orquesta en Sol mayor, Op. 56. Johannes Brahms: Sinfonía Nº 3 en Fa mayor, Op. 90. Teatro Colón 03/09/15 (Abono Nº 10).

  Cuando ya faltan tan solo cuatro conciertos para culminar la programación de abono y ya se han producido los momentos mas importantes del ciclo (mas allá de los solistas que vendrán al penúltimo concierto y el último concierto todo), no deja de llamarme la atención el hecho que hemos tenido por igual momentos de sostenido entusiasmo (Como el Nº 7 que tuvo excelentes versiones del Concierto para Piano de Scriabin y la Sexta de Bruckner), como de verdadera decepción (los de hace tres semanas con cuarenta y ocho horas de diferencia entre uno y otro). Este se situará, sin duda alguna, entre los segundos. En primer lugar, por la programación ofrecida, que incluyó la Obertura de “Nabucco” acompañada de una obra casi no programada de Tchaickovsky como lo es la “Fantasía de Concierto” Op. 56 para Piano y Orquesta, que junto con la Décima de Mahler (Versión Cooke en Revisión de Diemecke), el Concierto de Bombo de Gabriel Prokofieff, próximo a ofrecerse, el programa para “Pipa” y Orquesta o “Los Amantes Sitiados”, se corresponde con las “rarezas” que nunca uno encuentra de manera habitual en los atriles de cualquier Orquesta en el mundo entero. En segundo lugar, la convocatoria a Vladimir Lande un Director Norteamericano de ascendencia rusa a quien ya viéramos hace un par de años atrás conduciendo una “Orquesta de Alquiler” como lo es una “Sinfónica de San Petesburgo”, la que nada tiene que ver con su homónima “Oficial” de esa misma ciudad, traídos por “Nuova Harmonía” y pasando sin pena ni gloria. Leyendo el curriculum actualizado del conductor, ahora es titular de la referida Orquesta, con la que realizó giras en ciudades Norteamericanas, pero también es conductor de una agrupación de cámara en Washington DC,  y fue titular de la Sinfónica de Tulsa (Oklahoma), de la que también Diemecke fue asesor artístico, ¿vendrá la mano por ahí?. Lo cierto es que lo rescatable de la noche fue la presencia del pianista Rustem Hayrudinov, de buena técnica, grato sonido y alta expresividad, el que le sacó lo mas que pudo el jugo a una partitura muy menor de Tchaickovsky, que por algo jamás escuché en mis treinta y dos años ininterrumpidos de concurrencia al Colón,  y a la que seguramente no escucharé en mucho tiempo mas, salvo que Diemecke decida lo contrario. Por lo demás, Lande hizo una impresentable lectura de la Obertura de “Nabucco”, tocada a un “tempi” velocísimo careciendo de la menor sutileza, del manejo de los silencios y la contención de sectores como la percusión, que lució completamente desbocada en todo el fragmento. Mas apaciguado estuvo en Tchaickovsky, para luego acometer en la segunda parte con una de las peores versiones de la Tercera de Brahms que yo recuerde en mi memoria auditiva. Marcada absolutamente igual en todo, sin respiración, sutilezas (¡Qué vá!), lirismo, canto, en fin, cosas que Lande evidenció no poseer en toda la noche,   y en donde el último movimiento tuvo una velocidad que tuve la impresión que quería terminar rápido el concierto para irse a Ezeiza a tomar el avión. Si las cosas no fueron peores, se debe a la hidalguía de los maestros de la Filarmónica con Haydee Seibert a la cabeza, quienes trataron de llevar las obras programadas de la mejor manera posible, y no empañar la parte buena lograda a lo largo del año. ¿Mejorarán las cosas en los cuatro conciertos que faltan?


Donato Decina

jueves, 27 de agosto de 2015

María Bayo: «Nadie cuestiona el precio de las entradas del fútbol, pero sí el de la ópera»


La soprano española se encuentra impartiendo el curso

en Santander«Las óperas italianas de W. A. Mozart» en la

 UIMP,

María Bayo (Navarra, 1961) es una de las sopranos españolas más internacionales. Tras más de 25 años de carrera, ha pisado los escenarios de los principales teatros del mundo, como la Scala de Milán, el Staatsoper de Berlín, La Monnaie de Bruselas, el Covent Garden de Londres o el Metropolitan de Nueva York. En la actualidad sigue destacando por su gran versatilidad y pone todo su talento al servicio de los más jóvenes en el curso que está realizando en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, «Las óperas italianas de W. A. Mozart».
¿Cómo fueron sus inicios en el mundo de la música?
Empecé hace ya bastantes años en un pueblo de 3.000 habitantes como Fitero, en el que no había mucho conocimiento musical de lo que era mi arte. Sí que se fomentaba lo que era coral e hice con las monjas solfeo, pero no había conocimiento de lo que era realmente la ópera. Cuando ya había experimentado siendo solista en diferentes asociaciones de coros, decidí marchar al conservatorio, pero por mi cuenta, para aprender música profesionalmente. De Fitero a Pamplona hay cien kilómetros, lo que suponía para mis padres un desembolso importante de dinero para sostenerme y que pudiera hacer esos estudios, con lo cual me las tuve que arreglar en verano para poder estudiar y trabajar a la vez.
Comenzó a estudiar canto casi por accidente porque usted lo que quería era apuntarse a clases de guitarra, pero no quedaban plazas.
Antes de llegar a Pamplona había empezado con las monjas piano y lo había dejado. Cuando llegué al conservatorio no había plazas para estudiar de guitarra clásica y como me gustaba tanto cantar, porque tenía la voz y lo hacía un poco por inercia, me apunté a clases de canto para aprender la técnica vocal. Tuve una gran suerte porque allí coincidí con una profesora muy prestigiosa, que había hecho una pequeñita carrera, y vio las facultades que tenía. Ella me apoyó muchísimo, vio el interés y las facultades que tenía para el canto y así empezó mi carrera musical.
¿En qué ciudad se ha sentido más a gusto cantando?
Bueno, la verdad es que he cantado en prácticamente todos los teatros del mundo y me siento cómoda en cualquier sitio porque los que nos dedicamos a esto la gran suerte que tenemos es que somos ciudadanos del mundo. Yo me encuentro bien en cualquier teatro, sobre todo cuando ya has hecho varias cosas en ese teatro y te conoce el personal y el público, como me ocurre en París.
¿Qué le diría a aquellas personas que consideran que la ópera es demasiado elitista?
Es lo de siempre, la ópera ni es aburrida ni es elitista. Lo que pasa es que los medios de comunicación tampoco ayudan a que se fomente toda esa cultura musical, a que la gente tenga una curiosidad por ir a esos eventos. Realizar unas clases abiertas como las de este curso en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo hace que el público tenga unos conocimientos de lo que supone el arte del canto, que se ha ido mejorando y perfeccionando durante tantos siglos. Hay que fomentar todo lo que sea educar desde pequeños en el colegio y propiciar que los mayores tengan la posibilidad de asistir a clases en directo para que comprueben cómo trabaja un artista que tiene ya unas bases técnicas.
¿Cómo se puede atraer a la gente con los altos precios que tienen las entradas en tiempos de crisis?
Esto es muy polémico. Las entradas en el fútbol pueden llegar a valer más de cien euros y nadie se cuestiona ese precio, pero sí en la ópera. ¿Por qué? Porque el fútbol se está fomentando cada día en los medios de comunicación. Además, hay estadios enormes, con lo que las entradas deberían de ser más baratas, pero no porque las megaestrellas que son los futbolistas fomentan todo aquello que hacen y nadie se cuestiona ese dinero, pero sí se cuestionan que cueste cien euros ir a una ópera.
¿Qué tiene de especial Mozart para ser uno de sus compositores preferidos?
Una de mis primeras clases en el conservatorio fue Mozart, he crecido y he aprendido mucho de él. Empecé a cantar sus arias y sus óperas porque pienso que es un director que te ayuda, que te enseña a cantar haciendo teatro, pero bien hecho porque él mismo con toda su música es teatro puro. Además, creo que es uno de los compositores más completos que hay en cuestión musical y que te ayuda vocalmente a seguir unos parámetros para no dispersarse y no salirte de ese camino que es el difícil arte del canto.
Otra de sus grandes pasiones es la zarzuela.
Bueno se me conoce mucho por la zarzuela porque se ha fomentado muchísimo lo que ha sido la discografía mía de zarzuela, pero no he hecho mucha zarzuela en escena. De hecho, la única obra que yo he hecho en escena ha sido «Doña Francisquita». He fomentado mucho lo que es la música española y la sigo fomentando porque pienso que si nosotros tiramos nuestra música nadie la va a recoger. Somos nosotros los que tenemos que tenemos que ponerle en la altura que corresponde.
En cambio es un género que le produce alergia a muchas personas.
Porque se ha hecho muy mal. Lo que se ha intentado es fomentar en estos últimos 20 o 25 años, que es cuando yo comencé a hacer las grabaciones de zarzuela, el actualizar las grabaciones porque muchas de ellas no tenían los medios actuales de grabación. Se ha intentado poner al nivel todo eso y además fomentar la zarzuela haciendo ver que no es mediocre, es una buena música, siempre y cuando se haga bien.
¿Cómo ve el sistema educativo musical en España?
En estos momentos hay muchas deficiencias. Hay que tener unos objetivos aparte de quién pueda estar gobernando, si es un partido político u otro. Se necesita mantener ese pilar tan importante que es la educación a todos los niveles, pero en concreto la educación artística, que es la que es la que nutre a la persona y además aporta otras cosas al espíritu y al ser humano que a veces se obvian y que son tan importantes en la concepción y educación de un niño.
¿Hay una buena cantera de niños y niñas para cantar ópera?
En estos últimos tiempos me he dedicado más a la enseñanza que antes y veo que hay unas deficiencias importantes. En España no se fomenta muy bien, en mi profesión, la figura del cantante. Creo que el cantante tiene que formarse mejor en este país.
¿Qué le parecen los programas televisivos musicales como «Operación Triunfo»?
Dan un mensaje absolutamente falso. Quizá la gente quiera acercarse a la música con estos programas, pero creo que la idea que dan de que esto es fácil e inmediato y que sin estudiar, trabajar ni hacer un esfuerzo podemos ser divos y no es así. Creo que dan un mensaje contradictorio que no es bueno para la sociedad.
Habla de esfuerzo y trabajo, ¿a qué ha tenido que renunciar para poder cuidar su voz?
Esto es una vocación e implica que estás sujeto a un órgano que uno tiene dentro, depende de tu estado anímico, de tu estado físico y de muchas cosas. Por ello tienes que renunciar a salir por la noche con tus amigos a tomar unos vinos, tienes que cuidarte porque luego tienes la responsabilidad de tener que estar al cien por cien cuando estás delante de un público.
¿Qué le hubiese gustado ser si no se hubiese dedicado al canto?
No lo sé. Yo estudié para puericultora, pero me gustan mucho los niños y quizá me hubiese dedicado a la educación.
¿Qué es lo que mejor le ayuda para desconectar de su profesión?
En estos momentos lo que más me desconecta de mi trabajo es mi hija, que tiene once años. También me gusta mucho la parte cinematográfica y la lectura, tanto los libros como los periódicos.
¿En qué lugares le gusta perderse?
Me gusta mucho viajar y buscar nuevos sitios. Cuando estoy de vacaciones intento desconectar. Hace dos años estuve en Sicilia y me pareció una isla fantástica con una gran cultura. También México me pareció un país maravilloso.
¿Qué no puede faltar en su maleta?
Un libro. Me parece primordial porque pasas muchas horas en los aeropuertos, en las habitaciones de hotel en los que estás solo y es importante tener esa compañía que proporciona la lectura.
¿Alguna vez se ha sentido una «friki» por dedicarse a la ópera?
Sí, porque pienso que la gente nos mira y piensa que somos unos saltimbanquis porque el canto no se considera una profesión como el resto, ni se considera como una carrera. Sin embargo, pasamos estudiando tantos años como un médico y tenemos que disponer de unas facultades aún mayores que las de un médico porque si no no puedes hacer esta carrera. Pero si es verdad que la gente nos mira con lupa porque no se ha educado verdaderamente a esa gente a mirarnos de otra forma y nos sentimos que navegamos a contra corriente. Además, en una sociedad donde cada vez la música tiene un lugar menos importante, la gente nos ve como algo extraño.
¿Cuáles son sus próximos proyectos?
El mes que viene voy a dar dos conciertos benéficos para diferentes asociaciones. Posteriormente, me tengo que marchar a Buenos Aires para montar un rol como es el de «Doña Elvira», que tengo muchas ganas de montar porque es uno de los roles que me faltan. También tengo la presentación de mi próximo disco, que esperemos que salga en navidades.


LO MEJOR LLEGO AL FINAL

“Nuova Harmonía 2015”: Recital de Piano de Horacio Lavandera. Programa: Ludwig Van Beethoven, Sonata Nº 17 en Re menor, Op.31/2 “La Tempestad”. Sonata Nº 18 en Mi bemol mayor, Op. 31/3. Frederic Chopin: Preludios Op. 28 NºS. 7, 8, 15,16. Polonesa Nº 6 en La bemol mayor Op. 53 “Heroica”. Polonesa fantasía en La bemol mayor, Op. 61. Franz Liszt: Paráfrasis de Concierto sobre “Rigoletto” de Giuseppe Verdi, S.434. Teatro Coliseo, 26/08/15.

  Si por algo se ha caracterizado esta velada es su irregularidad. Irregularidad en lo que hizo al comportamiento  de gran parte de la concurrencia (Algo desgraciadamente muy recurrente en las tres principales salas de concierto de Buenos Aires), lo que motivó que entre el segundo y el tercer movimiento de la Sonata 18 de Beethoven, el interprete, visiblemente contrariado, debiera pedir silencio al auditorio, ya sea por estridentes tosidos, ruidos molestos, aplausos fuera de lugar, debiendo amenazar con que ante una nueva reiteración,  se retiraría de inmediato del escenario, dejando la velada inconclusa. Irregular la actuación del interprete, en donde mas allá de las vicisitudes mencionadas en el párrafo anterior,  en muy pocos momentos de la programación pudo plasmar a pleno lo mejor de su interpretación. Y mas irregular aun que la “Sintonía de Onda” Interprete-Público, se lograra solo al final, en donde Horacio Lavandera se prodigó en 6 (Sí, Seis) bises, ante el estímulo que significaba el aplauso y el entusiasmo sostenido con que se celebraba cada uno de ellos, haciendo que esto configurara una “Tercera Parte”, en la que se escuchó lo mejor de la noche. Si debo hacer un análisis, obra por obra de lo originalmente programado, en todas le cabe lo mismo,  y se resume de la  siguiente forma: Técnica impecable, buena musicalidad, sonido justo (ni chico ni ampuloso), sentimiento prácticamente nulo y ni hablar de ideas. Y decir eso al abordar los autores mencionados en la programación,  me exime de mayores precisiones.
  Lo increíble vino después, en donde un Lavandera que había concluido con la formalidad del concierto comenzó a ofrecer un bis. De repente la platea estalló en un aplauso mas fuerte que durante la parte formal y comenzó a sentir la necesidad de volver a sentarse a tocar y seguir, y así sucesivamente. Y surgió un toque mas vibrante, una interpretación mas sentida y fueron desfilando: “Adiós Nonino”, “Fuga y Misterio” y “Libertango” de Astor Piazzolla, para reincidir con Chopin y lograr un mejor resultado con el Estudio Nº 12, la “Fantasía Impromptu” y cerrar con el Nocturno en Mi bemol mayor en donde se liberó por completo, logrando una mayor expresividad y un resultado mucho mas convincente que el que tuvimos con las obras originalmente programadas.  En mucho tiempo a esta parte, no me había ocurrido una situación semejante. Hubo que esperar al final, para que viniera lo mejor de la noche.

Donato Decina

Gregory Kunde: «No tengo claro que retransmitir la ópera en los cines lleve a más gente al teatro»


Es, probablemente, el tenor del momento. A sus 61 años,

 saborea el éxito por toda Europa después de tres décadas 

de carrera. En septiembre cantará en La Coruña y en el 

Teatro Real de Madrid

Carreras como la de Gregory Kunde tienen una historia, por más que con su habitual tono desenfadado asegure que no le da mayor importancia. La suya es la inusual crónica del cantante americano que tuvo que venir a Europa para triunfar, que superó un cáncer y una crisis vocal que por poco le impiden seguir con su carrera, yesperar a los sesenta para el éxito y el reconocimiento de críticos y aficionados después de reinventarse como cantante, como quien le da la vuelta a un calcetín. Aquel espigado tenor ligero quedespuntó como contraltino rossiniano –roles con los que hizo fama mundial Juan Diego Flórez–, ha acabado dominando como pocos los personajes verdianos que fraguaron la carrera de Plácido Domingo. Un giro inverosímil que está «disfrutando muchísimo» y que «nunca imaginó», tras más de 35 años de carrera.
«Sigo pensando que todo es cuestión de progresión, de saber qué hacer en cada momento, de tener suerte y quizás no tanto talento, porqueprobablemente haya gente que cante mejor que yo», admite. «Nunca esperas que te llegue el éxito. Cuando llega pasados los sesenta, para mí es como un regalo. En nuestra profesión, con cincuenta años ya tienes que ir pensando en retirarte, y por eso cuando veo a Leo Nucci, a Plácido, a Mariella Devia o Gruberova me digo que todavía hay esperanza», asume.
«Ahora siento que tengo la experiencia suficiente para hacer arte, para disfrutar, para crear algo que es tuyo». Traza un paralelismo con los pintores que en su juventud se inspiran en otros maestros y que en la madurez encuentran su sello personal. «Eso que la gente dice que tengo, la musicalidad, la facilidad en el registro agudo, la actuación en escena. Lleva mucho tiempo conseguirlo y mantenerlo».

No hay ópera para viejos

Kunde dice sentirse «la excepción» en un mundo operístico que, salvo casos contados, aparta a los veteranos para imponer a rostros jóvenes, muchos ayunos de la experiencia para afrontar los roles que se les encargan. «Desgraciadamente, se ha vuelto demasiado importante dar el físico del papel que se interpreta», se lamenta. «La primera retransmisión en directo del Met en 1977 fue una “Bohème” con Freni, Pavarotti y Ghiaurov, todos en sus cincuenta y tantos. ¡No parecían jóvenes bohemios, pero eran los mejores cantantes del momento!», recuerda, «y fue un éxito increíble de audiencia».
Hoy el mundo de la ópera ha cambiado, quizás demasiado. Los teatros están más preocupados por el aspecto estético que por el artístico.«Tener a cantantes jóvenes de ópera no va a llevar a los jóvenes a la ópera», asegura Kunde durante su charla con ABC; «el físico de un intérprete se olvida a los dos minutos si no canta bien, y estamos perdiendo el arte de cantar».
Da una vuelta de tuerca más a su reflexión acerca de la tiranía de la imagen: las retransmisiones en vivo en los cines. «No tengo claro que eso vaya a llevar más gente a los teatros», medita. «¿Por qué vas a ir si el cine es mucho más barato?». La «verdadera experiencia sensorial» está en la sala de conciertos, «sin amplificaciones, sin encuadres prefijados».

Superando adversidades

La trayectoria de Gregory Kunde comenzó en 1978 en la Ópera de Chicago, con sus primeros papeles de comprimario junto a nombres de la talla de Domingo, Vickers o Pavarotti. Con Kraus como mentor, fue configurándose poco a poco como tenor belcantista, abarcando desde Rossini a Bellini. Con el Arturo de «I Puritani» y su descomunal Fa sobreagudo en el aria final, se hizo un nombre en los teatros. En 1984 debutó en Europa en la Ópera de Niza, y su primer papel en España sería dos años después en Valencia.
Tras una «Italiana in Algeri» en el Teatro de la Zarzuela en 1994, le fue detectado un cáncer de testículos. Después de un tratamiento agresivo que pensó que le impediría volver a cantar, lo superó y volvió a los escenarios en el mismo teatro, en 1996, con «Don Pasquale». Apenas unos años más tarde comenzó a notar que su voz cambiaba, que perdía las condiciones necesarias para el repertorio más ligero, y necesitó reinventarse para seguir siendo cantante de ópera. Primero con Berlioz y posteriormente con los roles de baritenor de Rossini. Se consagró en la cuna de este compositor, Pésaro, debutando en 2007 su «Otello» junto a Juan Diego Flórez. En la función del estreno, entre ovaciones y con el telón bajado, el peruano le dijo: «Has renacido». Así era.
Kunde no habla de superación, sino de trabajo, esfuerzo y de «tener estabilidad». «Necesitas gente que se preocupe por ti, como mis agentes y una mujer en casa que entiende lo que hago y me apoya», asevera. «Sin estos dos pilares no podría hacerlo. Y tampoco me importa decirlo, con una gran fe en Dios. Soy un gran creyente y rezo para pedir ayuda todos los días, porque todo esto queda fuera de mi control».
Desde aquel campanazo en Pésaro, la voz ha seguido su madurez hasta permitirle entrar en un repertorio que ignoraba casi por completo: las óperas de Verdi. Con el respaldo de la crítica italiana, ha debutado ante el exigente público italiano los papeles protagonistas de «I vespri siciliani», «Un ballo in maschera» o el mismísimo «Otello» en la Fenice de Venecia. Gregory Kunde recibió la llamada de la Scala veinte años después, cosechando sendos triunfos con «Les Troyens» y un reciente «Otello» rossiniano. Acaba de cantar «Aida» en la Arena de Verona, y su siguiente salto serán los héroes puccinianos y el verismo, que ya degustó con éxito en Bilbao la pasada temporada. En los últimos tres años ha debutado más de quince personajes.«Cuanto más lo haces, más fácil resulta», bromea. «La clave está en elegir cuándo cantarlos».

España le «relanzó»

Estos días ensaya «Il Trovatore» en La Coruña, con el que abrirá la Temporada Lírica de la ciudad. En esta urbe asegura que «relanzó» su carrera, tras un inolvidable «Guillaume Tell» en 2010. Su siguiente cita es el Teatro Real a finales de septiembre, con su debut en «Roberto Devereux» junto a la última gran diva italiana del belcanto, Mariella Devia. En el Liceo todavía recuerdan un imborrable «Il Pirata» que ambos cantaron hace tres temporadas. Después de Madrid llevará su «Otello» a Sevilla, posteriormente cantará por primera vez el «Sansón y Dalila» en Valencia y volverá en febrero a Barcelona para la versión rossiniana del moro celoso.
En su agenda a corto plazo hay una fecha señalada el próximo verano. A sus 62 años se subirá por primera vez a las tablas del Covent Garden londinense para cantar el Manrico, que se escuchará en La Coruña los próximos 3 y 5 de septiembre con un reparto de primer nivel. Y, curiosamente, solo una cita en su América natal, un «Otello» en concierto en Cincinatti, «invitado por el maestro James Conlon». El olvido de su país le entristece.
Dice no tener una respuesta para explicar por qué no es profeta en su tierra, a pesar de que siempre se dio por sentado que las compañías americanas protegían a los cantantes patrios. En teatros como los de San Francisco o Chicago hace más de veinte años que no canta; en Dallas, más de diez, y cerca de una década sin que le llame el Met de Nueva York. «Quizás se quedaron con que yo era un tenor belcantista, y ahora que he cambiado de repertorio no me tienen fichado», intenta razonar, «pero si estuvieran realmente interesados, irían a escucharme, porque precisamente no es que no cante en ningún sitio». «O quizás ya me han escuchado y no les intereso», se dice a sí mismo, «porque esta profesión funciona a base de opiniones».
No tiene miedo a dejar de cantar. Además de tenor es director de coro y orquesta. La música es su vida. «Y el golf», matiza entre risas. «No quería acabar vendiendo coches el día que no pudiera cantar más; quiero seguir con la música en alguna posición», y seguir con otra pasión suya: «Ayudar a los jóvenes porque tenemos que conservar el arte de la ópera».

martes, 18 de agosto de 2015


¿RECORDARAN ESTA EXPERIENCIA?

Festival De Música y Reflexión 2015: Concierto para Estudiantes a cargo de la West Eastern Divan Orchestra. Solistas: Daniel Barenboim (Piano y Dirección), Kian Soltani (Violoncello), Michael Barenboim (Violín). Programa: Ludwig Van Beethoven: Triple Concierto para Violín, Violoncello y Piano en Do Mayor, Op. 56. Teatro Colón, 08/08/15.

  El propósito que llevó a Daniel Barenboim a la realización de esta actividad, fue el de acercar a los jóvenes estudiantes (sobre todo los de Escuelas Públicas) a tomar contacto con una manifestación musical de alta calidad. Sabido es su interés por fomentar la música desde la edad mas temprana, a tal punto que sostiene un Jardín de Infantes en Alemania, con esa orientación. Dado que a la noche tenemos programa en el Aire, me interesó el concurrir, ya que  las 12 del mediodía era la hora señalada. Tres veces se anunciaron programas distintos. Primero que se interpretaría la Cuarta de Tchaickovsky. Luego,  el Concierto de la Noche anterior a Este, el que se repetiría Esta misma noche con El Triple y “Pelleas et Melisande” de Arnold Schöenberg. Finalmente quedó solo en el “Triple”. De todos modos, una gran obra, para una formidable experiencia.

  Mucho llamó mi atención, el hecho que la sala estuviera habilitada solo hasta Cazuela. Unos pocos habitaban la Tertulia y fueron reubicados en el nivel inferior. Con todas las Escuelas Públicas que hay en Buenos Aires (Artísticas o no), ¿Por qué la sala no exhibió el lleno total que Barenboim se merecía?. ¿Alguien responderá?. Si hasta se anunció la transmisión de la función por internet en el nuevo sitio del Teatro habilitado a tal fin, quizás en prevención de ese lleno total. Ojalá se sepa el porque.

  Siempre decimos que la historia de la West Eastern Divan conmueve. Pues bien, súmese el hecho que Guy Braunstein, quien debía interpretar la parte de violín en el Triple, debió ausentarse por motivos de salud de este festival y que entonces,  Michael Barenboim , tomaría la parte, junto a su Padre y a Kian Soltani, un Violoncelísta Iraní. Dos interpretes profesantes de la religión Judaica y un profesante de la religión Musulmana, unidos por la fuerza de la música del genio de Bonn. Fuerte ejemplo para la juventud presente. Tal vez algunos padres de esos jóvenes, algunos de ellos seguramente de mi edad, podrán recordarles que en la Escuela pública de hace treinta  o mas años atrás, convivíamos mas que pacíficamente entre todos, estableciendo fuertes lazos de amistad,  que en mi caso aún perduran. Toda una línea de conducta y ejemplo que debe rescatarse. El innegable deterioro educativo en general,  y de la Educación Pública en particular, se comienza a rescatar a partir de esos ejemplos,  y luego los lineamientos y objetivos a seguir. Ojalá se recuperen muy pronto esos valores, sin importar quien es el que gobierna.

  La versión resultó arrolladora.  Barenboim en su Piano de cuerdas rectas, que sonó formidable. Michael Barenboim, en la mejor actuación que se le recuerde de todas sus presencias en Buenos Aires, con magnífico y robusto sonido,  y Kian Soltani, un interprete exquisito de refinado toque, sutil y detallista, que me sorprendió muy gratamente y que a no dudarlo, tendrá el merecido padrinazgo de Ntro. Querido Director, pues ha demostrado con creces ser un interprete de gran valía y un proyecto a futuro. La cumplimentación entre los tres fue estupenda y el ida y vuelta con la Orquesta también. Los jóvenes premiaron el esfuerzo con una gran ovación y saludos de chiflidos como en los recitales de rock, ante un  Barenboim feliz y dispuesto a rechiflar con Ellos, saludándolos con sus manos en alto junto a todos los demás. Que haya impactado esto en los pibes es gratificante. Y si queda en el recuerdo de muchos de ellos esta experiencia, el esfuerzo se cumplió con creces.


Donato Decina
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