Después de un brevísimo preludio, se abre el telón en el Teatro de la Colina Verde. De las profundidades de la orquesta surge el tema de Erda. Empieza la Tercera Jornada del Anillo del Nibelungo. Es de noche, pero nuestra mirada, atenta, reconoce el espacio: la roca de la walkyria que sigue protegida por el fuego de Loge. Delante de ella, tres altas señoras, envueltas en velos oscuros, se arrojan un hilo de oro que tratan de ceñir a las ramas de un pino y a los salientes de una roca. Ya falta poco para la conclusión del drama: al parecer, lo único que ellas desconocen...
Lo que fue, Lo que es, Lo que deberá ser
Cuenta la Völuspá (Profecía de la Vidente) de la Edda Mayor que los dioses del Asgard vivían una dichosa edad de oro hasta que aparecieron tres gigantas que les superaban en poder, ya que encarnaban el Destino al que ellos mismos estaban sujetos. Se llamaban Urdhr (Lo que Fue, Destino), Verdandi (Lo que Es) y Skuld (Lo que Deberá Ser). Las tres eran muy sabias y vivían en Yggdrasill, el Fresno (para algunos, el Tejo) Sagrado del Mundo, al que regaban cada mañana, para que siempre mantuviera fresco su verdor, con el agua clara y la arcilla blanca del manantial de Urdhr, la más vieja de las tres hermanas; según Snorri, era tan sagrado que todo lo que se bañaba en él se volvía blanco. Ellas regían el hado de los dioses, los gigantes, los enanos y los hombres; lo que disponían nadie lo podía cambiar: su veredicto era irrevocable.
Puede llamar la atención el que figuras tan imponentes y poderosas como las Nornas no tengan más protagonismo en los cantos éddicos; las encontramos muchas veces en los cuentos del folklore germano (y también celta) rodeando las cunas de los recién nacidos, ofreciéndoles sus dones, profetizando sus gestas, y no sería de extrañar que tuvieran mucho que ver con las tres brujas que vaticinan el porvenir de Macbeth en el drama de Shakespeare; sin embargo, en los textos que recogen la mitología germano-escandinava, su presencia es escasa. Y es que ya hemos comentado en alguna ocasión que el Destino, al que representan, es, para los pueblos del Gran Norte, la manifestación misma de lo sagrado que se encarna en cada hombre; y éste no se contenta con contemplarlo como un mero espectador, ni mucho menos intenta esquivarlo, sino que lo acepta, lo asume y lo lleva conscientemente hasta sus últimas consecuencias en ese querer lo inevitable que está tan cerca del amor fati de Nietzsche. Así, de la misma manera que, en las Eddas, no se exalta el heroísmo, no se hacen sobre él grandes (ni pequeños) discursos, porque no necesita de demostraciones, de exaltaciones: simplemente es; lo mismo pasa con las Nornas: ellas también son; y con eso basta. Lo que sí resulta común es encontrarse en los poemas épicos germanos con numerosas alusiones a estas señoras del destino del tipo: Las Nornas juzgaron, Terrible es la sentencia de las Nornas o No se sobrevive una noche al veredicto de Urdhr. Cuando un guerrero es vencido, aunque se resigne y se someta, se queja de la decisión de las tres implacables, y, cuando es él el vencedor se regocija con su veredicto.
En un primer momento, la religión de los pueblos germanos consideró al Destino como una fuerza impersonal que actuaba ciegamente en el mundo y a la que estaban sometidas todas las criaturas divinas y humanas. Sin embargo, las ideas demasiado abstractas tienen, en toda mitología, una clara tendencia a personificarse y, así, nos encontramos con un gran número de figuras como las Disas y las mismas Walkyrias (ya lo hemos visto en Los rostros del Destino) o las Hamingjur, genios tutelares femeninos unidos a los clanes y las Fylgjur (Seguidoras), también espíritus tutelares pero, esta vez, encargadas de velar por el individuo, en un claro paralelismo con el daimon griego, el genius latino o el ángel de la guarda cristiano, al que los nórdicos designan como Fylgjuengill (Ángel Seguidor). Pero, entre todos estos personajes míticos unidos al devenir de los seres, va a destacar Urdhr, la más antigua y, quizá, la más genuina de las tres Nornas.
Estas figuras, por su número, nos recuerdan a las Moiras y a las Parcas griegas y romanas, lo que no parece ser simplemente una coincidencia si a esto le añadimos que la actividad de todas ellas es exactamente la misma: son las divinas tejedoras del destino de las criaturas que se simboliza mediante el hilo que trenzan, miden y cortan (en el caso de las escandinavas, cuando se trata de un héroe, lo lanzan al cielo y es de oro). Por ello se puede deducir (y lo hacen muchos mitólogos) que, en un primer momento, los pueblos del Gran Norte sólo contemplaran la existencia de una Norna, Urdhr, que, por influencia grecorromana, se triplicó; pero tambien es muy plausible que todas estas figuras tuvieran un referente indoeuropeo común y anterior. De lo que no cabe la menor duda es de que en las antiguas lenguas de los pueblos del norte: alemán, anglosajón y escandinavo antiguo, algunas de las palabras que expresan la idea de Destino (wurd,wyrd y urdhr, respectivamente) pertenecen al mismo campo semántico del verbo latino vertere que significa "dar vueltas" y proviene del sánscrito vartula que quiere decir "rueca".
Pero el nombre de Urdhr, no sólo lo lleva la Norna sino también el Urdarbrunnr (Pozo de Urdhr), una de las fuentes que manan entre las raíces de Yggdrasill, el gran árbol que es el centro y el soporte del universo, el origen de toda vida, de todo saber y de todo destino. Esta imagen es recurrente en distintas mitologías; equivale, por ejemplo, al pilar cósmico de los Vedas, a la higuera sagrada de los hindúes o al Irminsul sajón.
El Gran Fresno del Mundo
Dos cantos de la Edda Mayor: la Völuspá y los Grímnismál (Dichos de Grímnir), y la Gylfaginning (Alucinación de Gylfi) de Snorri nos presentan a Yggdrasill con pequeñas diferencias: este centro sagrado del mundo, en el que se reúnen los Ases para deliberar, toca el cielo con su copa mientras sus ramas abrazan la tierra y sus tres enormes raíces llegan hasta el país de los Ases, al de los terribles Gigantes de la Escarcha y a la tierra de los muertos (los Grímmismál, sin embargo, nos dicen que sus raíces cobijan a muertos, gigantes y hombres). De una de ellas nace el manantial de donde salen todos los ríos del universo; bajo la que llega a la tierra de los sabios Gigantes, se encuentra la fuente de Mimir, en la que Odín debió dejar un ojo a cambio del sorbo que le otorgara esa inteligencia profunda que va más allá de las apariencias externas; y, junto a la que se yergue, imponente, el Asgard, encontramos el pozo de Urdhr, el del Destino, al que también simboliza el Fresno del Mundo. Desde el momento mismo de su nacimiento, cuando los dioses organizaron el cosmos, se vio amenazado: en su cima, un águila que provoca los vientos, una ardilla recorre su tronco, cinco ciervos, con nombres de enanos, se comen sus hojas (incluso hay quien dice que también lo hace la cabra de cuyas ubres fluye el hidromiel que las walkyrias sirven a los héroes del Walhall), ocho terribles reptiles roen sus raíces y, en los flancos lo pudre la edad. Sin embargo, aunque parezca sometido al tiempo y a la muerte, Yggdrasill temblará, pero no caerá en el temido momento del Ragnarök: permanecerá erguido y, a su sombra, renacerán el mundo y la vida.
Si relacionamos lo que acabamos de ver con el relato de la primera Norna en el Ocaso de los diosespodemos comprobar que el inicio de la narración se ajusta perfectamente a las tradiciones éddicas: un valiente y joven Wotan deja su ojo como tributo por beber de la fuente de la sabiduría que mana junto al fresno sagrado en donde teje la implacable diosa. Pero, adquirido el conocimiento, corta una rama del árbol con la que fabrica la lanza en donde grabará las runas de los pactos que le aseguran el poder sobre el mundo. Con esto Wagner se separa de la ortodoxia mitológica escandinava que cuenta cómo Odín (Un osado y joven dios) pasa nueve noches colgado de una rama del árbol, y herido por su propia lanza, hasta que le son reveladas las runas.
Açvattha
El que Wagner haga que Wotan arranque una rama del Gran Fresno del Mundo puede estar relacionado con una antigua tradición germánica: los pueblos del Gran Norte admiraban, como tantos otros, el fenómeno del brotar la naturaleza en primavera. En este momento del año asistían, maravillados, a la eclosión de la fuerza vital que se manifestaba de una manera privilegiada en los árboles; por ello, acostumbraban a plantarlos cerca de sus casas y a cortar alguna de sus ramas con una clara finalidad: que esa fuerza sobrenatural les fuera transmitida, y poseerla (he aquí el origen de las varitas mágicas de nuestros cuentos). No sería de extrañar que el joven, valiente y ambicioso Wotan, después de adquirir la consciencia en el pozo del conocimiento, intentara hacerse con el poder del mundo convirtiendo en lanza, su mágico emblema (y gobernando gracias a ella), una de las ramas del árbol que representa ese mundo. Pero la fuerza de la naturaleza, como el devenir de todo lo que es, trae la muerte engarzada en la vida. Después de que pasara mucho tiempo, el árbol, que empezó a desangrase por la herida de la rama rota, se secó, como la vieja fuente donde hilaba y cantaba la Norna. Había sido precisamente su madre, Erda, la que le recordó al dios que el final también es una ley del mundo. Parece como si la consciencia hubiera traído con ella la ambición, el deseo, la tiranía de la necesidad, la exaltación del querer vivir (si utilizamos la terminología de Schopenhauer) que tan unida está al tiempo y, por lo tanto, a la muerte.
Sea como fuere, el árbol del mundo, el árbol cósmico de la tradición germano-escandinava sólo tiembla y se tambalea en el momento del Ragnarök, nunca cae. Pero ya que acabamos de citar a Schopenhauer, nos viene a la cabeza su homólogo de la tradición hindú, que el filósofo, al que tanto admiraba Wagner, conocía tan bien. En la Bhagavad-Gita (Cap. XV), açvattha, el árbol cósmico (aunque se trate de una higuera y no de un fresno) que representa no sólo el universo sino también la condición del hombre en él, su propia individualidad, debe ser cortado de raíz con el arma de la renuncia; es decir, el hombre debe de saber retirarse del mundo para así poder liberarse y transcender. No es pues de extrañar que en el momento en el que Wotan le pase el testigo de la salvación del mundo a Siegfried (dueño ya del anillo), en el momento en el que éste rompa su lanza, el dios, renunciante, mande a sus guerreros cortar el marchito tronco del fresno, abatirlo por siempre y apilar sus leños rodeando el Walhall. Resulta muy significativo que sea precisamente con la madera del árbol cósmico con la que arda la sala de los dioses, no por la acción de Brünnhilde, no lo olvidemos, sino por la del propio Wotan, como cuenta la tercera Norna:
Las punzantes astillas de la destrozada lanza
Le hundirá un día WotanAl ardiente en el pecho:Devorador incendioPrenderá allí;El dios lo arrojaráA los apilados leñosDel fresno del mundo...
Al final del Prólogo del Ocaso de los dioses, esta misma Norna, la más joven, cumple con su tradicional labor: entre sus manos, se rompe el hilo del destino.
Asustadas, las tres señoras se apresuran a bajar a la madre, parece como si estuvieran oyendo el viejo canto que el Rig Veda (X-18-10) dirige a los muertos: ¡Repta hacia la tierra, tu madre! ¡Ojalá ella te salve de la nada! Esa nada que, consciente y felizmente, anhela y espera el dios.
Bibliografía
Boyer, R.; L’Edda poétique. París, Fayard, 1972.Edda Mayor; Madrid, Alianza Editorial, 2000.Éliade, M; Tratado de historia de las religiones. México D.F., Era, 1998.Guelpa, P.; Dieux & mythes nordiques. Presses Universitaires du Septentrion, 1998.Sturluson, S.; Edda Menor. Madrid, Alianza Editorial, 2000.Vries, J. de; "La religion des Germains" in AA.VV, Histoire des religions I. París, Gallimard, 1970, pp.748-779.Wagner, R.; El ocaso de los dioses. Madrid, Turner Música, 1986.
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SOBRE "OPERA CLUB"
ÓPERA CLUB es un emprendimiento que nace el 17 de noviembre de 1990 a partir de un programa emitido por Radio Cultura. Este programa tuvo características muy especiales que lo transformaron, casi de inmediato, en el de mayor audiencia en su género.
Por primera vez se trataba el tema operístico con un absoluto desapego a las formas tradicionales de acartonamiento y solemnidad. Quedó en claro desde un principio que se trataba de un programa de ópera y no de cantantes –de estos últimos se ocupaba la mayoría-. Procedimos a lo que nuestro locutor de entonces (Mario Keegan) dio en llamar “derribando mitos” -desmitificar leyendas, anécdotas o lisas y llanas mentiras que con los años se convirtieron en falsas verdades-. Seguimos muy de cerca toda la actividad musical de Buenos Aires y La Plata poniendo muy especial énfasis en la promoción de los intérpretes jóvenes que estaban haciendo sus primeras armas –en la mayoría de los casos a puro pulmón- aunque sin descuidar las grandes figuras nacionales e internacionales que nos visitaban. Por último, el formato horario de cuatro horas nos permitió tratar amplia y distendidamente diferentes temas en un sólo programa desarrollado a través una conversación sin planificación previa entre dos a cinco co-conductores.
Todo esto nos puso en el primer lugar durante poco más de diez años. Diversos problemas –fundamentalmente económicos y de necesidades de programación de la radio- nos fueron acortando la duración y concluímos transmitiendo una hora a la medianoche del sábado. De esta manera fuimos perdiendo, junto con audiencia, nuestras características distintivas.
A partir de septiembre de 2012 nos mudamos a Radio Amadeus Cultura Musical recuperando nuestro formato original e intentando, de a poco y con mucho esfuerzo de todo tipo, retomar nuestro puesto de liderazgo –tarea nada fácil, por otra parte-.
Comencé diciendo que ÓPERA CLUB es un emprendimiento que nace a partir de un programa de radio. Esto es porque no es sólo un programa de radio –o, mejor dicho, el programa es casi como un pretexto-, sino un modo de unir a los oyentes tras un objetivo superior en común. El verdadero protagonista del programa no son ni los cantantes ni la música, son los oyentes –sus destinatarios y razón de ser-. Es por eso que los llamados telefónicos o mails son fundamentales para la concreción de lo que sale al aire. La audición es una excusa para que nos comuniquemos, nos conozcamos y podamos realizar y armar el programa y las actividades en forma conjunta.
Siempre me ha preocupado la incomunicación y soledad que aquejan a nuestra sociedad de manera cada vez mayor desde la segunda postguerra. Esta idea de nuclearnos bajo un interés u objetivo común es, para mí, un medio para paliar este terrible mal. Para esto, además del programa –y en lo personal más importante- son las diversas actividades que hemos venido realizando –con menor o mayor frecuencia- durante los últimos veintitrés años: encuentros, charlas, recitales, conferencia-debates, intercambio de material y, fundamentalmente, exhibición de videos (hoy DVDs) de diversas funciones operísticas –recuerdo con especial cariño el ciclo multitudinario que realizamos en el Centro Cultural General San Martín colmando ampliamente la capacidad plena de la Sala AB-. También estas actividades se vieron notablemente disminuídas con la anteriormente citada decadencia del programa –al que están intrínsecamente unidas-.
En esta nueva etapa muchas son las esperanzas y muchos los proyectos. La idea de congregarnos bajo nuestro amor a la ópera es, vuelvo a repetirlo, sólo un pretexto para encontrarnos virtual o realmente, tanto en nuestra relación comunicador-oyente como en forma personal. Este sitio, el Facebook y, en un futuro muy próximo, el Twitter serán nuestras herramientas virtuales a utilizarse en forma dinámica. Queremos crear un foro de debate y discusión a través del que no sólo hablemos de lo que nos gusta sino que intercambiemos ideas sobre políticas culturales. Necesitamos ampliar horizontes y promover los valores estéticos y culturales en los que se basan las obras de arte. De esta manera, a través de estos valores y del intercambio de ideas, iremos creciendo como personas y ayudando a crecer a nuestro entorno. Recordemos que los grandes cambios se producen, en general, a partir de los pequeños cambios individuales.
En cuanto al programa en sí mismo, posee una dinámica que va haciéndose cada vez más participativa –ya hemos desarrollado algunos temas propuestos por ustedes y esperamos una participación cada vez mayor-, poseemos también una enorme discoteca –probablemente la más grande de nuestro medio- con una cantidad de grabaciones que está muy holgadamente en la cantidad de cinco cifras y que abarca desde los primeros cilindros hasta las últimas funciones efectuadas en el mundo –a veces el mismo día de la emisión-, presentamos a las grandes figuras que nos visitan y hacemos una fuerte promoción de lo que están preparando los distintos grupos que han aparecido fuera del marco de los teatros oficiales y que es en donde realmente se encuentra el futuro.
La ópera es el centro pero no nos cerramos en ella. Abarcamos también los demás géneros vocales (opereta, zarzuela, oratorio, canción de cámara, sinfónico-vocal) y estamos, aún tímidamente y en muy pequeñas dosis, abriéndonos a todo el espectro de la música clásica (o académica –término que no me gusta pero al que adhiere muchísima gente-) En cuanto al período de lo que difundimos, es amplísimo y sin reservas ya que vamos desde la música medieval hasta las últimas manifestaciones de vanguardia.
En síntesis, estamos buscando crecer a partir del debate y la interacción. Considero que la relación estática con un oyente pasivo ya no es aceptable y pertenece a un tiempo que ya fue –no estoy valorizando, sólo presentando un hecho-. El piso de este proyecto es el que estamos transitando. El techo quisiera creer que no tiene límites (una sede propia, una emisora....).
Entre todos podemos lograrlo. Esto intenta ser un verdadero Club y les pido que se unan. Les garantizo que el crecimiento y el gozo serán ampliamente satisfactorios.
Dr. Roberto Luis Blanco Villalba
UNA CREACION DE ROBERTO BLANCO VILLALBA
miércoles, 25 de septiembre de 2013
EL HILO DEL DESTINO
EL DESPERTAR DE LA WALKYRIA
Se abre el telón en el Teatro de Colina Verde. Empieza el tercer acto de Sigfrido. Es de noche. Braman los truenos. Continuos rayos iluminan, intermitentemente, el pie de una escarpada montaña. Hasta las rocas tiemblan. Entre los resplandores, apenas podemos adivinar una cueva. Desafiando la furia de la naturaleza, se acerca el Caminante, un hombre alto, cubierto por una capa oscura y un enorme sombrero; bajo una de sus alas, el brillo de su único ojo compite con el de los relámpagos. Llega hasta lo que parece la boca de una sima abisal y, apoyado en su lanza, llama a la Wala, a la mujer eterna que duerme su sueño lúcido...
El dios chamán
En este impresionante momento del la Segunda Jornada del Anillo del Nibelungo, Wagner vuelve a servirse, casi literalmente, de un antiguo canto, aunque, como de costumbre, sólo en lo que se refiere a la forma, puesto que le da un sentido muy distinto. Se trata de los Baldrs draumar(Sueños del Bálder) de la Edda Mayor. Ya hemos comentado (Loge: más allá del bien y del mal) cómo Odín va en busca de una völva, para saber cuál será el destino de su hijo Bálder, porque los sueños del joven dios contenían presagios de muerte. También hemos visto (El alma antigua del mundo) que el maestro de Leipzig dota al personaje de Erda con algunas características de las hechiceras muertas a las que se resucitaba, con la magia del Seid, para obligarlas a profetizar; y que, precisamente, Odín era maestro en esa terrible necromancia que Freyia le enseñó (y que también conocían los pueblos griegos como recuerdan Homero, Esquilo y Heródoto en la Odisea, Los persas y el libro V de la Historia, respectivamente). Esto hace que, en la mitología germanoescandinava, se pueda rastrear un antiquísimo origen chamánico del dios.
El chamanismo es un conjunto de prácticas religiosas que ha perdurado, casi hasta nuestros días, en algunas poblaciones del Norte de Europa, Asia y América. Se basa, esencialmente, en la creencia en un mundo, a donde van los muertos, y en que algunos seres humanos pueden ponerse en contacto con él por medio de la magia. El chamán es, por lo tanto, una especie de sacerdote o de brujo que sirve de vínculo entre la tierra y los infiernos, mediante trances y rituales. Pero cualquiera no puede ser chamán, sólo aquél que haya pasado por unas duras pruebas de iniciación en las que aprenderá su ciencia y se hará digno de ejercerla. Pocos ejemplos mejores que el del mismo Odín que, como ya apuntamos (Un osado y joven dios), ganó las runas, los símbolos del conocimiento y el poder de la magia, durante las nueve noches en las que permaneció colgado en una rama de Yggdrasil, el Gran Fresno del Mundo, en absoluto ayuno y traspasado por su propia lanza. Además, según las creencias de esta antiquísima religión, el chamán, durante sus éxtasis, podía, en espíritu, viajar hasta el país de los muertos o bien convirtiéndose en un animal o bien sobre uno de ellos, preferentemente un pájaro o un caballo de ocho patas (no hace falta recordar que Sleipnir, la montura de Odín, tiene esa extraña característica); pero también podía utilizar, para sus desplazamientos mágicos, una inmensa escala o el árbol que abraza y comunica todos los mundos; ahora, ya no nos puede extrañar que Yddrasil signifique literalmente "Caballo de Ygg", puesto que Ygg es uno de los múltiples nombres de Odín.
Por supuesto, todo chamán que se precie tiene la facultad de conocer el porvenir y una forma de conocerlo es resucitando a una völva e interrogándola, exactamente lo que hace Odín los Baldrs Draumar. El poema nos cuenta una historia, en principio, muy diferente de la que ocupa el tercer acto de Sigfrido, pero con curiosas coincidencias formales. Para conocer el porqué de los maléficos sueños de Bálder, Odín, cabalgando a Sleipnir, baja al mundo del Nifhel (el Hel de las Tinieblas: el más profundo de los infiernos escandinavos) y, por medio de encantamientos, despierta a una bruja de su sueño mortal, de la misma manera que Wotan conjura la presencia de la durmiente Erda en la Tetralogía. Y si, en ella, se nos dice que la diosa aparece cubierta de escarcha y envuelta en un extraño brillo, en el viejo canto éddico la völva surge, después de un penoso viaje por los infiernos, calada de lluvia y cubierta de nieve y rocío. Además, ambas mujeres muestran desagrado ante la llamada apremiante del dios.
Sin embargo, mientras que Odín obliga a la bruja del poema escandinavo a desvelar el destino de Bálder, el nombre de su asesino y el de su vengador, Wotan, por su parte, intenta arrancarle a la protosapiente el modo de detener la rueda que rueda: el modo de interrumpir el flujo continuo de lo que acontece, el ciclo interminable de la vida. Desde aquí, la influencia del pensamiento oriental en Wagner, por la vía de Schopenhauer, empieza a hacerse evidente. El dios, ahora sólo Caminante, ya ha reconocido las vanidades del Walhall, ya está transitando la vía que lleva del egoísmo a la renuncia; pero, como no puede dejar el mundo en manos de la envidia de Alberich, precisamentepor amor al mundo, acude angustiado a la que cree la mayor fuente de sabiduría para obtener el modo de detener el tiempo, la existencia, el universo que gira confuso y enmarañado. Sin embargo, Erda no tiene la solución y evade la respuesta reprochándole: ¡Tú no eres lo que te llamas! ¿que no es lo que se llama?, ¿que no es un dios?, ¿que no es más que apariencia en un mundo de apariencias?, ¿que, según la vieja máxima sánscrita, tat tvam asi ( tú eres eso), lo que considera su divina individualidad no es más que un espejismo, ya que un único y mismo ser habita en todo lo creado? Sea como fuere, es en ese momento cuando desaparece su inquietud. Como en una iluminación, Wotan devuelve el reproche a la diosa: ¡Tú no eres lo que te imaginas! También ella es víctima de una ilusión o, quizá, es la ilusión misma: Maya, la Madre de la que todo nace y en la que todo se disuelve; porque, si fuera realmente la sabiduría primordial, sabría de la voluntad de Wotan, ésa que, ahora se impone sobre un pretendido conocimiento que sólo ha engendrado angustia y pánico. Vencidos ambos, vuelven la libertad y la alegría al dios que ya sólo espera el fin del Walhall y la redención del mundo gracias a la walkyria que se unirá, en amor, al héroe libre.
En la Edda también encontramos mutuos y prácticamente idénticos reproches entre los dos personajes; pero sólo en cuanto a la forma: Odín, que no se ha presentado como un dios, sino como un hombre, es descubierto por la hechicera: ¡No eres tú Végtam, aquel que creí: Odín eres tú, el viejo gauta!; que, a su vez contesta: ¡No eres tú bruja ni sabia adivina: madre de monstruos, de tres, eres tú!, con lo que podemos deducir que se trata, en realidad, de Angrboda, la giganta que le dará a Loki una terrible descendencia: Hel, la diosa de los infiernos, la serpiente del Mídgard y el lobo Fenrir que formarán parte de las fuerzas del mal durante el Ragnaröck.
Cuando Erda baja definitivamente al abismo de su sueño, la tormenta ha cesado y aparece la luna. Siegfried se acerca y el pájaro del bosque, asustado, huye ante la presencia de los cuervos del dios que se encuentra, por primera y última vez, con ese héroe libre que no ha de temer la punta de su lanza. Por lo que le acaba de decir a Erda (Hicieran ellos lo que fuere, al eternamente joven dará paso, en la dicha, el dios), no nos cabe duda que Wotan espera y propicia el desenlace de la entrevista.
De nuevo, podemos rastrear en las Eddas murallas de fuego que esconden doncellas y sabios gigantes que las guardan.
La muralla de fuego
En los Grógaldr (Conjuros de Groa) de la Edda Mayor, encontramos otro episodio de necromancia: allí se nos cuenta cómo Svípdag llama a su madre muerta con el fin de que le enseñe las fórmulas mágicas que deberá emplear para salir con vida de una peligrosa aventura. Pero lo que más nos interesa, ahora, es que esa aventura consiste precisamente en viajar hasta un alto lugar, rodeado por un cerco de fuego, en el que está la mansión de su prometida Menglod (La Adornada con el Collar; por lo que se puede tratar de la diosa Freyia que se reconoce, en la iconografía, porque lleva el collar de los Brinsingar, una joya forjada por cuatro enanos a los que tuvo que seducir para quedarse con ella). Pero no se detiene ahí la semejanza entre el poema éddico y la Tetralogía: antes de traspasar la muralla de fuego, Svípdag deberá enfrentarse con un gigante sabio, famoso y portador de lanza. Por esta descripción, sólo puede tratarse de Odín, que, como vemos en el canto siguiente, los Fjölsvinnsmál (Dichos de Fiósvinn), se presenta bajo el nombre de Fiósvinn (El de Muchos Saberes), según los Grímnismál (Dichos de Grímnir), uno de los apelativos del dios. Los dos personajes emprenderán uno de esos torneos de saber que son tan comunes en la mitología del Gran Norte (El poder y la gloria) y que, normalmente, protagonizan un gigante y el dios supremo del panteón escandinavo. En la Edda, Svípdag superará la prueba y conseguirá llegar hasta su prometida; en el tercer acto de Sigfrido, el héroe no mantendrá un pulso de sabiduría con Wotan (Wagner lo traslada a la segunda escena del primer acto, cuando el Caminante se sirve de esta vieja tradición para revelar a Mime el único modo de reforjar la espada) porque sólo tiene que demostrar su naturaleza de hombre libre y su valor. Y lo hace con creces.
Rota la lanza del dios, queda franco el camino hasta la walkyria.
La bella durmiente
Hay quien defiende que el tema de la alta roca rodeada de una muralla de llamas, que encontramos tanto en el canto al que nos acabamos de referir como en el ciclo heroico de Sígurd, tiene su origen en una de las obras más populares de la Edad Media, las Etimologías de San Isidoro de Sevilla (principios del siglo VII), en la que el Paraíso se presenta rodeado de una infranqueable muralla de llamas; pero también se puede poner en relación este tema con la espectacular aurora boreal que, en las latitudes nórdicas, debió de infundir fascinación y respeto a los antiguos germanos. Sea cual sea su referente, natural, literario o una mezcla de ambos, el caso es que tanto en los cantos heroicos de lasEddas y en la Völsunga Saga como en El anillo del Nibelungo, esa muralla de fuego, guarda a una bella durmiente. El tema, de origen indoeuropeo, era ya habitual en el folklore nórdico antes de que lo divulgara Charles Perrault (curiosamente, es un pinchazo el que provoca la dormición de la princesa en el cuento, mientras que, en la Edda, es la espina del sueño); pero, cuando Wagner se sirve de él en la escena que culmina su Sigfrido,es, sin duda, un canto de la Edda Mayor el que le sirve de referente: losSigrdrífumál (Dichos de Sigrdrifa, otro nombre por el que se conoce a la walkyria Brýnhild). El viejo poema relata (el comienzo del capítulo XXI de la Völsunga Saga repite exactamente la misma versión) cómo Sígurd, atraído por una gran luz en la montaña, como fuego que ardiera, atraviesa un muro de escudos y ve a una persona durmiendo y enteramente armada. Al quitarle el yelmo, se da cuenta de que es una mujer que, al rajar, de arriba a abajo, la cota que llevaba pegada al cuerpo como una segunda piel, se despierta y pregunta la identidad de quien la ha liberado del largo sueño impuesto por Odín. Desde este momento empiezan a diferir las dos versiones, siendo más poética y más cercana a Wagner la de la Edda; y si no, compárense estos versos de alabanza de Sigrdrifa con los que pronuncia Brünnhilde cuando despierta:
La walkyria escandinava hará sabio a Sígurd enseñándole la magia de las runas, y ambos se comprometerán con un juramento, al igual que Brünnhilde y Siegfried, después de vencidas algunas iniciales reticencias: ¡no es fácil desprenderse de una naturaleza divina!
Dentro de poco, ambos estarán en condiciones de comprender el significado de las proféticas palabras del pájarillo del bosque a las que Siegfried no dio la más mínima importancia: Alegre en la pena, canto el amor…
Bibliografía
Boyer, R.; L’Edda poétique. París, Fayard, 1972.Edda Mayor; Madrid, Alianza Editorial, 2000.Éliade, M.; Le chamanisme et les techniques archaïques de l’extase. París, Payot, 1951.Saga de los Volsungos. Madrid, Gredos, 1998.Sturluson, S.; Edda Menor. Madrid, Alianza Editorial, 2000.Zimmer, H.; Mitos y símbolos de la India. Madrid, Siruela, 1997.Wagner, R.; Sigfrido. Madrid, Turner Música, 1986.
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Mundo Clasico" (11/9/2013)
JUAN CRISÓSTOMO DE ARRIAGA: EL MOZART ESPAÑOL
Juan Crisóstomo de Arriaga
DEL PRIMITIVO CANTO CRISTIANO A LA POLIFONÍA I. El canto como expresividad religiosa
Fragmento de Musica enchiriadis en Staatsbibliothek, Bamberg.
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