sábado, 15 de agosto de 2015

EXTRAORDINARIA CONJUNCION

Festival de Música y Reflexión 2015: Actuación de la West Eastern Divan Orchestra, Director: Daniel Barenboim. Solista: Martha Argerich (Piano). Programa: Ludwig Van Beethoven: Concierto para Piano y Orquesta Nº 2 en Si bemol mayor, Op. 19. Piotr Illich Tchaickovsky: Sinfonía Nº 4 en Fa menor Op. 36. Teatro Colón, Miercoles 29 de Julio de 2015.

 De como dos obras archiconocidas pueden sonar con tanta nitidez, precisión y belleza, es solo porque son propiedad de dos monstruos de la talla de Martha Argerich y Daniel Barenboim. ¿Cómo puede ser que el Concierto Nº 2 de Beethoven, suene distinto en cada presentación suya?, es porque solo con Argerich puede acontecer. Capaz de los virtuosismos mas amplios. Capaz de las sutilezas mas increíbles. Capaz de establecer un clima de intimidad, que lleva a que la sala se sumerja en el silencio mas profundo, sin que nadie tosa, sin que un celular suene inoportunamente. Capaz de manejar el “tempi” a discreción. Y capaz de contar con un ladero de la talla de Daniel Barenboim, conocedor de la obra al milímetro como Solista y Director, que le seguirá hasta en los recovecos mas infrecuentes por los  que Ella decida internarse. Así fue la versión, así deslumbró, así también Barenboim llevó a su Orquesta al triunfo en el acompañamiento, que fue magnífico. Nunca con Ella se la escuchará dos veces igual, y, aún así, será capaz de manifestarle a Este cronista, que no había quedado satisfecha, porque a la mañana en el ensayo general, le había salido mucho mejor.
 El bis fue a dos pianos, para homenajear a Pía Sebastiani, fallecida unos días antes, con el “Bailecito” de Carlos Guastavino, pieza interpretada por ambos en el recital del año pasado y que motivara un encuentro con Pía a posteriori del mismo. Barenboim solicitó en nombre de ambos que no se aplaudiera, para ir de esa manera al intervalo con el recuerdo de la querida Pía. Nada mas sobrecogedor. Uno de los homenajes mas impactantes que me haya tocado presenciar.

 La parte final la constituyó una de las dos versiones mas imponentes que Yo recuerde de la cuarta de Tchaickovsky, junto con la del 2010 de Zubin Metha y la Filarmónica de Munich. Casualidad o no, las versiones de dos hermanos en la música, que sienten de la misma forma  a Ella. Cuanta expresividad, cuanto canto, apasionamiento.  Belleza de sonido de los vientos. Una cuerda formidable. Y una vez mas, el lucimiento del percusionista al que vengo haciendo referencia en mis crónicas, esta vez en los platillos, cual practicante de Tai-Chi-Chuan en cada movimiento previo al impacto, como tomando fuerza por el peso de los mismos y que motivo que al destaque por parte del Director en el final, la sala se cayera abajo en aplausos al mismo. Fiesta Absoluta.

 Los bises, de la mejor escuela Barenboim. Una sentida interpretación del “Vals Triste” de Jean Sibelius. Y luego la convocatoria a Laham Yoami, joven Director Israeli, asistente en esta temporada de Barenboim, quien al parecer tiene cifradas esperanzas en El, para una simpática versión de la Obertura de “Russlan y Ludmila” de Mijail Glinka, cerrando la noche, en donde nos retiramos luego de un goce absoluto.

Donato Decina

1 comentario:

  1. Yo estuve en el concierto del jueves. Extraordinario de verdad, aunque me hubiera gustado escuchar a la Argerich en alguna obra más exigente, como el concierto de Tchaicovsky que inicialmente estaba programado.

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