viernes, 4 de abril de 2014

LEVIN SOLISTA SE PUSO AL PUBLICO EN EL BOLSILLO




Teatro Colón: Tercer Concierto de Abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires: Solista y Director: Ira Levin. Programa: Rachmaninoff/Levin: Cuatro Piezas para Orquesta (Estreno Mundial), Mozart: Concierto para Piano y Orquesta Nº 14 en Mi Bemol Mayor K449, Dvorak: Sinfonía Nº 7 en Re Menor Op. 70. (3/04/14).

  En un programa poco común, la Filarmónica presentó a Ira Levin en todas sus facetas, Compositor-Arreglador, Solista y Director. Si me dan a elegir con cuál me quedo, elijo al solista. ¿Por qué?, porque  encuentra una enjundia, una manera apasionada de interpretar y de sentir la música que en el concierto sinfónico no termina de plasmarlo en el rol de director. En cuanto a la de Compositor-Arreglador, digamos que la obra sometida a la consideración del público, es la orquestación de cuatro piezas para piano de Serguei Rachmaninoff a saber: El Etude Tableaux Nº 5, Víspera, el Preludio Op.32 Nº 10 y la Humoresque Op. 10 Nº 5.  En ellas se percibe una orquestación prolija, por momentos ampulosa, semejando la majestuosidad del sonido que se encuentra en las obras orquestales del compositor ruso y grata al oído del espectador, que de buena gana recibió el producto. Si tenemos en cuenta que contó con el apoyo de la Filarmónica actual, el resultado es más que grato. En lo que fue el nudo central, escuchamos a Levin Solista-Director en el Nº 14 de Mozart y aquí lo mas logrado de la velada, sumado al estreno del nuevo Piano Steinway alemán  de concierto para el Colón (Bienvenido sea!, después de lo que se gastó en la restauración de sala, comprar el Piano que hacía falta).El instrumento tiene un sonido magnífico, que supera en mucho al del ultimo piano que se había comprado anteriormente, el que sonaba “duro” el día del estreno. Levin tiene sonoridad, precisión en los ataques, digitación estupenda y se esmeró para crear el clima propicio en la interpretación de la obra. Lo mejor vino de la mano del bis, con una electrizante versión  de la “Tarantella” del libro “Italia” de “Años de Peregrinaje” de Liszt,  que mantuvo en vilo al público y le arrancó una ovación sostenida.
  El cierre vino con una correcta versión de la séptima  sinfonía de Dvorak, que arrancó brillante, pero que a lo largo de la interpretación  fue diluyéndose para mostrar  imprecisiones en algunos sectores del conjunto  y en algún solista de instrumento. Levin fue prolijo pero con todo, no alcanzó el grado de apasionamiento que logró como solista y que esta obra exige. Esta vez el Levín solista le ganó al Levin Director.


Donato Decina


No hay comentarios:

Publicar un comentario